Crisis de pareja, ¿cómo superarla?

En toda pareja existen las discrepancias, pero hasta cierto punto. Algo muy complicado de superar son las crisis. Sería estupendo poder madurar y crecer juntos, encontrando la mejor manera y la forma más constructiva de hacer las cosas.

Los principales motivos, y más comunes, de peleas de pareja suelen ser los celos, la infidelidad y la irresponsabilidad de los quehaceres. Un novio (o un marido) que no colabora en las tareas del hogar y la crianza de los hijos supone mucha carga para la mujer. Con lo que cualquier mínima cosa, por simple que sea, puede desembocar en pelea. No se puede vivir con tanto estrés y se suele explotar con quien está más cerca, que suele ser la pareja.

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“El amor es un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo lo demás”

La solución no es callar. Es la manera más negativa y solamente acarrea consecuencias. Pero lo peor es el daño a los hijos: ellos mismos se crearán un rol negativo de las relaciones de pareja que, evidentemente, les afectará en su futuro.

En una buena relación, son los dos quienes ceden y se apoyan mutuamente. Hay que reconocer que cada uno es responsable de su vida y que cada uno debe hacer lo que le corresponde, que las obligaciones si son compartidas, son más llevaderas. Que los hijos son de los dos. Que para que una familia funcione, deben esforzarse los dos. Que si hay respeto y comprensión , los problemas se superan antes de que la solución se pueda escapar de las manos. Que habiendo apoya, voluntad y disposición de parte de los dos, los problemas igual que vienen se va.

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“Muchos matrimonios serían felices si tanto el marido como la mujer entendieran que están en el mismo bando”.

Siempre que predomine el amor y los dos tengan los mismos pensamientos y deseos en la vida, es muy bueno pedir ayuda (profesional o familiar) si es necesario para poder poner soluciones. Es muy importante saber que buscar ayuda no es malo, ni mucho menos debe avergonzarnos. Es justo todo lo contrario, hacerlo nos muestra que valoramos mucho nuestra relación. Esta ayuda externa nos puede ayudar a llegar a convenios que beneficien esta parte tan importante nuestra, como lo es la familia.

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“Pedir ayuda no tiene nada de vergonzoso, hacerlo es de valientes porque indica que valoramos nuestra relación”

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Todo se olvida

He estado leyendo y escribiendo sobre maltrato psicológico, y a consecuencia de ello me he animado a escribir sobre mi penosa experiencia.

He aquí un breve resumen de mi historia:

Hace apenas unos meses me atreví a salir de una larga y tormentosa relación con un hombre que me maltrató psicológica y moralmente como nunca pudiera haber imaginado. No sólo me maltrató moralmente si no también económicamente… he sido objeto de maltrato psicológico de libro.

Antes de conocerlo yo era una persona alegre, dinámica, feliz, me solían decir que tenía una sonrisa hermosa. Claro que también tenía defectos, como impulsividades que me cuesta contener. Pero en un año de noviazgo que tuve con él, cambié mucho: todas mis virtudes desaparecieron y me volví una persona amarga, llorona y triste. No me reconocía. Poco a poco fui perdiendo mi vitalidad, mi ilusión por la vida. Me descuidé físicamente, me sentía inútil, fea y mala persona.

Mi madre, la pobre, la primera vez que lo vio, le cayó mal y no le gustó.

He llegado a mendigar amor, me olvidé de quien era, de lo que valía. Me olvidé de todo y hasta llegué a pensar que mi vida no existía.

Recibí insultos como: “estás enferma”, “nadie te quiere”, “vas a volver llorando”, “yo siempre estuve ahí para ayudarte”, “no me valoras”, “si quieres que las cosas estén bien, haz lo que te digo”, “yo no gritaría si no fuera porque me sacas de quicio”. Me amenazaba con dejarme y abandonarme.

Una parte de mí reaccionaba frente a esto porque se daba cuenta de la enfermedad, pero la otra lo aceptaba.

Nunca pude dejarlo, porque cuando intentaba hacerlo me hacía regalos y me decía que era la mujer de su vida.

Todos tenemos defectos y todos nos equivocamos, pero terminé cargando no sólo con mis responsabilidades, sino también con las suyas.

Cuando había otras personas era dulce y cariñoso, pero cuando estábamos solos se volvía distante. Me confundía, porque constantemente se alejaba y acercaba. Me trataba muy mal y me acusaba de su comportamiento. Era muy duro con su forma de enfadarse y me decía que era yo. Esto me consumía.

Sabía que estaba haciendo algo mal, pero no sabía qué. Yo todos los días luchaba para que mi relación fuera bien pero nunca era suficiente para él, siempre había algo mal. Cuando estaba tranquilo todo era maravilloso, pero yo nunca sabía definir qué le sentaría bien y qué mal, cualquier momento era el adecuado para que estallara su genio. Además yo no actuaba con absoluta libertad, siempre pensaba en lo que le parecería a él.

Llegó el momento en que ya no le servía, ya me lo había sacado todo, ¿ qué más podía ofrecerle ya? Me echaba de casa, me decía que me fuera, es lo que él deseaba realmente.

A consecuencia de todo esto tengo muy baja la autoestima.

Me gustaría darles un consejo:

Para quienes estéis pasando por esto igual que yo lo pasé, que cortéis todo el lazo con esa persona. No va a cambiar. No le dejes llegar hasta ti. Contacto 0.

NO ESTÁS SOLA. Aunque parezca que el mundo se acaba, es todo lo contrario. ¡¡empieza a brillar!!

Cuando estés triste, cuando te avergüences de lo que estás pasando, no pienses nunca “¿por qué me pasa esto?” Porque eso te va a llevar al pasado (por qué no hice esto, podría haber hecho aquello, etc). Piensa “ ¿para qué me pasa esto?” Porque te va a llevar al futuro ( para fortalecerme, para aprender, para crecer…) a mí eso me sirvió mucho.

Yo también necesito ser esa persona que un día fui. Sé que todo pasa y todo quedará incluso mejor que antes de haberlo conocido.

Delimitar los espacios en la pareja

Uno de los elementos primordiales en las relaciones de pareja es saber distinguir los espacios, compartidos y personales. Por este tema surgen muchas peleas en las parejas. Si ponemos en práctica los tres consejos que os voy a dar, estoy segura de que cada uno dispondrá de más espacio y la vida de pareja mejorará.

Hoy he aprendido una cosa que sospechaba, al final mi intuición no me ha fallado. La pareja la forman tres. En verdad era algo que sospechaba y no estaba segura, por fin lo he confirmado. Sí, sí la pareja la forman tres. Tres factores definidos: el espacio personal de uno, el espacio personal del otro y el espacio compartido, el que forma la pareja. Esto es en la teoría; en la práctica se interpreta como momentos, ocupaciones y asuntos para cada uno. Bien,lo que pasa es que en general esta forma no es la que habitualmente practicamos, lo que sucede es que se desvía en dos direcciones opuestas y cada cual más perjudicial.

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Frecuentemente en las parejas los espacios personales se reducen mucho. Esto es por la creencia social que tenemos de que cuando se forma una pareja “dejan de existir” como seres separados y pasan a “ser uno solo”. Por suerte es imposible de conseguir aunque puede servir como perspectiva para que los espacios personales disminuyan. Esas parejas tienen buenas pretensiones, estar de acuerdo con el otro. Creen que el amor consiste en eso aunque terminan ahogándose, porque no hay suficiente espacio entre ellos.

Igualmente existen otro tipo de parejas, las que incrementan el espacio personal menguando el de la pareja. Comparten poco espacio juntos, pero esos momentos pueden ser muy preciados y valiosos. Pero corren riesgo, no tienen la oportunidad de planear el futuro y carecen del apoyo y compañía del otro.

No hay un límite de cantidad ni calidad con respecto al espacio requerido, cada pareja debe encontrarlo, no se tienen que sentir asfixiados ni alejados. Hay que tener claro lo que incumbe a la pareja y lo que no. Para ello les doy estos tres consejos:

  • ¿Equilibrio semejante a igualdad? Hay que tener en cuenta que los dos no necesitan el mismo espacio, a veces uno necesita más espacio personal que el otro, esto no quiere decir que quiera menos a su pareja, de lo que se trata es de respetar el espacio del otro.
  • Conformidad en el espacio común. El espacio compartido es algo de dos, si queremos que algo pertenezca a ese espacio ambos debemos estar de acuerdo en ello. Si uno no quiere no debe obligar o forzar al otro a hacer algo que no quiere. Un ejemplo muy común: “Nos vemos sólo cuando él (o ella) quiere”. Y eso no es verdad, pues dos no se ven si uno no quiere aunque uno “quiera siempre”, cosa incierta, porque no se puede estar todo el día libre para el otro. Si se diera el caso, el otro no tiene por qué querer lo mismo, y no pasa nada.
  • Independencia en el espacio personal. Es distinto que en el espacio común. Es suficiente con que uno quiera algo y lo encaje en su vida, siendo admitido. No se puede obligar al otro a que haga algo sólo porque nos guste, o al contrario, “no dejarle” hacer algo que le guste por el simple hecho de que a nosotros no nos agrade. Cierto es que hay cosas que no se pueden quedar en el espacio personal sin que ello influya en la pareja. Lo más importante de la pareja es el respeto hacia el otro y la independencia.

A veces puede resultar complicado ejercer estos pasos, pero son muy necesarios para la vida en pareja.

El amor verdadero es aquel donde dejas que tu pareja tenga libertad, que no se sienta con las cadenas de la esclavitud, y veras que como la paloma mensajera, regresara a ti.

Vanessa Arjona

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