¿Qué pasó con la ilusión?

¡Qué bonito cuando empiezas una relación de pareja! Miles de ilusiones te rondan en la cabeza. Todo es bonito. Vives flotando. Te arreglas sólo para él. Siempre estás con la ilusión de verle. No ves el momento en que podáis estar juntos, cada vez queréis veros más. Todo son palabras bonitas, caricias, besos… Ilusiones. Vives con la ilusión de vivir juntos, de veros cada día, a cada minuto, de poder compartir todo en la vida con él.

…Llega el día tan deseado, ¡por fin os vais a vivir juntos! ¡Qué ilusión! Durante un tiempo (por poner ejemplos, pondremos dos semanas – que puede variar según la pareja – algunas algo más, otras algo menos, depende de la pareja), todo es más o menos como lo habíais imaginado: besos, caricias, sexo, dulzura, ilusiones

Pero llega un día en que tenéis vuestra primera pelea desde que vivís juntos. Y notas que algo es distinto, que algo ha cambiado. Te preguntas cómo un ser tan cariñoso, dulce y romántico puede, en cuestión de segundos, cambiar tanto. ¿Cómo puede transformarse en “esa criatura” tan distinta a tu amado? ¿Dónde está, dónde se ha metido? Te sientes mal, pero lo que te duele no son sólo las palabras, lo que más te duele es de quién vienen. No te puedes creer que, de esa boca que tanto te gusta y que, hasta ahora sólo habían salido cosas bonitas, hayan salido tantas barbaridades. Porque cuando no vivíais juntos alguna vez pasó algo parecido (o peor), pero él se iba a su casa y tú a la tuya, al rato te llamaba y…. ¡PUF! Ya desapareció todo. Pensabas que eso cambiaría cuando vivierais juntos, porque “esas discusiones de antes eran solamente porque os deseabais tanto que la sola idea de veros lejos os atormentaba”…. :/

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Creías que eso cambiaría al iros juntos a vivir. Lo pasas mal y te preguntas qué pasó, por qué no ha cambiado tras vivir juntos. Pero llega la reconciliación y, al igual que antes pensabas que era el fin del mundo, que todas tus ilusiones se habían desvanecido, ahora piensas justo lo contrario: te invade la alegría, el sol vuelve a salir y todo vuelve a ser bonito. No le das importancia a lo ocurrido anteriormente y piensas, incluso le justificas: “Todo el mundo tiene un mal día”. Te culpas tú misma porque “tú le has provocado, le has hecho perder el control… ¡Te has pasado! ¡Con lo bueno que es!

Pasan días y todo va “a la perfección”, pero vuelve a ocurrir. Otra pelea, esta vez más fuerte que la anterior. Le pides, por favor, que pare porque te está haciendo daño. Pero no. La cosa sigue. Le buscas, quieres que termine ya y lo único que consigues es que se enfurezca más aún. Te gustaría saber qué ha sido lo que ha provocado la discusión para que se encolerice de tal manera. No encuentras la respuesta, lo que escuchas es que TÚ has dicho o hecho esto o lo otro. Entonces piensas que no merece la pena seguir. Piensas que tus ilusiones, ciertamente se han marchado. Te quieres armar de valor e irte de casa, piensas que es pronto para semejantes cosas y aún estás a tiempo… Algo te lo impide. Sabes que ya no le tendrás, que le echarás de menos. Piensas que sin él no podrás vivir y que todo cambiará.

Decides quedarte y darle otra oportunidad. Por fin os reconciliáis y se olvida todo. Otra vez sale el sol y cantan los pajaritos “¡Pero si es muy bueno, lo que pasa es que todo no le va a sentar bien! Es humano y tiene derecho a equivocarse. Es que para aguantarme a mí…

Vuelven a pasar los días y, ¿a que no sabes? Sí, eso que estás pensando: ¡Otra pelea! ¿Y ahora, cuál es el motivo? Según tú, “la convivencia, que es muy dura… ¡Si él es muy bueno!” Otra vez la misma operación: te culpas tú.

Cada vez las peleas son más frecuentes, el motivo da igual, la cuestión es pelear.

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Te paras a pensar y caes en la cuenta de que cada pelea termina porque TÚ pides perdón, eres la única que cede en la relación. Él nunca lo hace, al contrario, si puede seguir culpándote, no duda en hacerlo. Te preguntas cuántas oportunidades le has dado ya… son muchas. Te preguntas hasta cuándo la cosa seguirá así. Te preguntas si es es normal o es maltrato. Descartas esa idea rápidamente porque es imposible que tu amado sea un maltratador. “Él no es así”. A pesar de que has pasado por muchas humillaciones y ofensas de su parte, no quieres creer que él sea “eso”.

¿Cuántas veces has soñado con que se lance a tus brazos, que te calle a besos, y te “forre” de abrazos en medio de una pelea, cuando más enfadada estás? Desafortunadamente, nunca lo hace… Te sientes hundida, y sientes frustración. Sabes que no eres precisamente la mujer de sus sueños, sientes y crees que no eres la mujer que él quiere a su lado. No eres “su musa”.  Te culpas de todo y por todo. Como consecuencia, empiezas a dejarte, a descuidarte y… engordas incluso. Ya no sientes que le gustas, ¿qué sentido tiene que te pongas guapa? ¿Para quién?

Amiga, ese no es el camino. ¿Qué es lo que te une ya a esa relación? Esperas que todo cambie, pero sabes que no. Sabes que cambiará unos días, pero volverá, volverá a ocurrir.

No tiene sentido que sigas sufriendo. La ilusión desapareció por parte de los dos. Ya no queda nada, no tiene sentido seguir alimentando algo que está muerto. Sal de esa relación. Es difícil, lo sé, pero es lo mejor por el bien de los dos. Tal vez él también esté sufriendo. ¿Piensas ser toda tu vida una amargada? ¿Es justo que ambos sigáis con una relación que en la que ya no hay nada?

Quédate con todo lo bueno y con todo lo que aprendiste y piensa que algo mejor está por venir

No le des más vueltas… Todo en la vida sucede por algo. No te aferres a aquello que no podrás volver a tener. Deja que llegue a ti lo que mereces.

No es necesario GOLPEAR para HACER DAÑO:
Una PALABRA duele,
Un SILENCIO duele,
Una TRAICIÓN duele,
Un DESPRECIO duele,
La INDIFERENCIA duele…

Vanessa Arjona

Llénate de coraje!

Hay veces que sentimos que el mundo se nos ha venido encima, no vemos la manera de encontrar un destello de luz entre los escombros en que estamos enterrados… Somos conscientes de que nuestra vida ha cambiado radicalmente y… nos preocupamos, nos preocupamos porque pensamos que nunca podremos seguir adelante dada la circunstancia en que nos encontramos… Y de pronto, sin darnos cuenta vemos el que el sol ha vuelto a salir!

De pronto un rayo de esperanza llega a nuestra vida, como dando solución a nuestros problemas… Somos conscientes de que los tiempos, lo mismo que van, vienen y de que no siempre son difíciles… Que ya habrá momentos para celebrar, reír, disfrutar. Si hoy nos ha tocado llorar, hemos de ser pacientes y podremos ver cómo mañana nos tocará reir.

Mira a tu alrededor, verás que siempre hay alguien que esté igual o incluso peor que tú…. Llegará el momento en que todo cambie y las cosas se vuelvan a tu favor, entonces será el momento de tu resurgir esplendorosamente. Cual ave Fénix, que resurgió de entre las cenizas para lucir mejor que nunca.

Llénate de coraje! Toma de tí las fuerzas que tienes escondidas. Sí, esas fuerzas que sabes que se encuentran en lo más hondo de ti. Sácalas, es tu momento de demostrarle al mundo que lo vas a conseguir. El hecho de que pierdas una batalla no quiere decir que hayas perdido la guerra.

Recuerda siempre esto: Siempre hay un gran arcoiris tras cada tormenta. Llegará el día en que tus deseos serán una realidad, entonces verás tu presente como un regalo y tu futuro como otro más. Añadirás una página dorada al diario de cada nuevo día y tendrás la oportunidad de convertir la felicidad eterna en TU eterna felicidad.

Piensa que si en medio del trayecto resbalas y caes…. no pasa nada! Vuelve a levantarte, sacúdete y continúa, aún te queda mucho camino por recorrer y puede que lo que te espera al final sea fantástico. No te rindas por eso!

Tú no eres de los que se rinden, pelea en la batalla y ten fe. Ahora es el momento de levantarte y luchar por lo que te pertenece. Levántate, llénate de coraje y fuerza y vete a luchar por lo tuyo. Porque es tuyo y el enemigo no te lo va a quitar.

Enfréntate a los problemas, plantales cara y encuentra las soluciones. Es inútil retrasarlos o minimizarlos, a fin de cuentas, antes o después debes enfrentarte a ellos, así que… Ánimo! Si te lo propones, sabes que puedes salir adelante.

Pero eso sí, ten paciencia y mucho valor. Sólo así conseguirás lo que tanto deseas.

rosa helada

P.D. Si la realidad sigue a tu lado murmurando sin parar, sin duda alguna, dar rienda suelta al optimismo es la mejor opción, ¿o no?

Vanessa Arjona