10 Consejos para superar la ruptura cuando hay hijos

En las rupturas con hijos influyen circunstancias que se manifiestan la intimidad de la pareja. Terceros implicados y cabos que hay que atar para después no llevarse sorpresas. También una unión entre los ex-amantes que estará presente durante toda la vida: los hijos. Los cuales tendrán la suerte o desgracia de experimentar las consecuencias de algunas decisiones delicadas las cuales marcan cierta urgencia. En este caso será mejor que nos aliemos con la paciencia, la sensatez y el autocontrol.

Cuando hay hijos en común la ruptura de pareja es más difícil por muchas razones:

-Como padres tenemos una responsabilidad que, naturalmente, continua después de la separación.

-Esto da lugar a que la pareja tenga que seguir viéndose y manteniendo contacto para la toma de decisiones sobre los hijos (si la custodia es compartida), en el caso de que el juez otorgue la custodia a uno de los dos, la cosa es distinta.

-En la primera etapa de la ruptura el contacto obligado hace más fuerte el dolor y la confusión en unas condiciones de inseguridad emocional en que lo que ambos realmente lo que quisieran sería no ver al otro, por lo menos durante un tiempo. En las parejas en que la separación no ha sido amistosa hay constantemente conflictos y situaciones desagradables porque cuando surge la necesidad de hablar sobre los hijos e intentar llegar a un acuerdo, es siempre el peor momento, es cuando los nervios están a flor de piel y los nervios soliviantados.

Pero, obviamente, los hijos no pueden esperar a que los padres curen sus heridas y reorganicen sus sentimientos y emociones. Los hijos crecen y se desarrollan constantemente y en cada ocasión tienen necesidades distintas. Se deben hablar de muchas cosas: con quién vivirán, qué educación obtendrán, cómo se compartirán los gastos y el tiempo, etc…. Y toso esto no puede posponerse.

Ahora voy a proponerte unos consejos para que, en el caso de que te encuentres en el caso, seas capaz de sobrellevarlo lo mejor posible.

1.- Intenta llegar a un acuerdo con tu ex-pareja en el que pactéis un tiempo en el que uno de los dos se hará cargo de los hijos. Hay que evitar pelear por que hoy los quiere él y ella también; o al contrario, ninguno de los dos quiere tenerlos y tampoco mañana. Es absurdo tener este tipo de conflictos, porque lo único que trae son enfrentamientos que terminarán en los juzgados.

2.- Aparte de vuestras diferencias como pareja, si confías en él o ella como padre/madre, déjale que elija. Si quiere estar con los niños, déjale; si por el contrario quiere que seas tú la persona que se haga cargo de ellos, hazlo. En este aspecto conviene que seas tolerante, recuerda que solamente se trata de un acuerdo provisional para reducir vuestro contacto y así evitar que los hijos sufran trastornos innecesarios. Recuerda: los hijos no son pelotas de tenis que lanzas a la cancha del contrario, ni tampoco son pasteles que nos debatimos como lobos hambrientos.

3.- Dile a tu ex que es lo mejor para todos, sobre todo para vosotros que así podréis daros un tiempo para poder serenarse y poder estar en condiciones de tomar las mejores decisiones cuando llegue el acuerdo definitivo.

4.- Si los niños se quedan contigo durante el tiempo que habíais pactado, no le niegues a tu ex la posibilidad de hablar con ellos por teléfono. Igualmente, pero al contrario no rehúses de ese derecho pero sobre todo, déjalo claro desde el primer momento para evitar malentendidos.

5.- Aprovecha este período para entender la nueva situación, recomponerte y pensar sobre el futuro. Es decir, fortalécete y prepárate para la negociación final que vendrá tiempo después. Cuando llegue ese momento defiende tus intereses, si los crees justos pero siempre con suavidad y buscando el bienestar de tus hijos. Debes mantenerte firme en tus principios pero diplomáticamente, recuerda siempre que el único objetivo es llegar a un acuerdo. Y como tal, debes conceder algunas cosas a tu ex pareja.

6.- Contagia a tus hijos serenidad. Habrá muchos momentos en los que te sientas mal, pero disimula en su presencia. Cuando ellos no estén (bien porque están en el colegio, bien porque están con los abuelos) puedes desahogarte como quieras.

7.- Por el mismo motivo, intenta evitar a toda costa discutir con tu ex-pareja delante de ellos. Todas las rupturas so dolorosas y por lo tanto, las discusiones únicamente hacen el daño más fuerte, pero resulta que en estos casos el daño no va sólo a la pareja, también afecta a criaturas inocentes que nada tienen que ver con los errores de sus padres. Tenlo presente siempre antes de que tengas la tentación de dejarte llevar por impulsos de los cuales después te arrepentirás.

8.- La solución menos dolorosa es la que se hace de mutuo acuerdo. La custodia compartida incluye responsabilizarse al 50% , en la convivencia con ellos y también en los gastos (manutención, colegio, ropa, etc). Excepto en el caso de maltrato, la custodia compartida es un derecho(y un deber) de los dos padres.

9.- Procura llegar a esta solución, porque es la más justa y práctica. A la vez que el divorcio consensuado, que es la forma legal más sencilla, rápida y económica. Aunque a veces no se puede evitar (si uno de los dos no entra por razones), la vía contenciosa en principio es totalmente desaconsejable. Los procedimientos judiciales son lentos, agotadores y estresantes en todos los sentidos y al final, su resultado es impreciso. Una demanda por vía contenciosa puede ser el principio de un largo martirio, y en muchas ocasiones pasa que la decisión del juez no satisface a ninguna de las dos partes.

10.- Ojo con el abogado que escoges. Hay algunos a los que les interesa empeorar las cosas, piensa que viven de ello y los juicios largos y conflict6ivos solamente engordan sus carteras. También hay otros abogados honrados que de verdad se interesan por sus clientes, pero infórmate muy bien antes de elegir.

Vanessa Arjona

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La ruptura de pareja

Las consecuencias

Normalmente, las consecuencias en una ruptura de pareja suelen ser peor de lo que se imaginan los dos. La felicidad, la autoestima, la economía… se dañan bastante.

Pero es aún peor si se compartieron varios compromisos ( amistades, propiedades y, ante todo, hijos) y había mucha intimidad entre ellos. Este malestar tiene dos motivos principales.

Motivos del malestar:

Antes de que llegue la ruptura los dos están preocupados por qué falta en la pareja, se enfoca en mirar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas. Pero solamente después de la separación se dan cuenta de que sí que había algunas cosas cubiertas, cosas a las cuales no les daban importancia. Es en esos momentos que se echan de menos esos beneficios o satisfacciones.

El tiempo hace que dependan emocionalmente el uno del otro, cosa de la que no son conscientes, al menos no se dan cuenta hasta después de la separación. Cuando la ruptura es traumática viene acompañada de rechazo y hay que enfrentarse a él, pero cuando es amistosa vienen el sentimiento de arrepentimiento, las dudas, el sentimiento de culpa, etc. estas emociones se mantienen aunque la relación haya sido muy dolorosa y dañina.

Romper una relación sin matrimonio

-Parejas de poca duración.
Terminar una relación amorosa siempre es dolorosa en cualquier caso, pero está claro que hacerlo antes de casarse no es tan problemático.

Las parejas que no están casadas y rompen tienen unas cuantas particularidades frente a las que si están casados: tienen más diferencias en sus propósitos educativos, en la edad, inteligencia, el atractivo físico, a parte de que uno de los dos suele estar más enamorado que el otro, cosa que en las parejas que permanecen juntas hay un equilibrio en ello.

Hay algo que puede provocar la ruptura en la pareja, son los planes de futuro (donde pasar las vacaciones, donde comprar la vivienda….). En estas relaciones el deseo de romper no suele ser casi nunca mutuo y quien suele tomar la decisión son las mujeres, pues ellas son más capaces de tomar este tipo de decisiones y de superarlas. Puede ser que el motivo de que estén más preparadas para estas dificultades, sea su mayor aprendizaje.

-Parejas estables.
En esta ocasión el divorcio provoca un desconcierto enorme. La economía tiene que cambiar, el lugar de residencia también (por lo menos para uno de los dos) se tienen que poner de acuerdo en el tema de la custodia de los hijos, en el caso de que los haya. Por eso el primer año después del divorcio es el peor en el terreno emocional tanto para los padres como para los hijos.

Aunque está comprobado que el divorcio se está incrementando, no deja de ser una decisión difícil de tomar. Aún así hay varias causas que lo facilitan: más independencia económica de las mujeres, menos obstáculos legales, ya no es una deshonra divorciarse… en definitiva, las opciones de divorcio son más y más asequibles para la mayoría de la gente.

En estas relaciones también son las mujeres las que toan la decisión de romper. Suelen llevar mejor la ruptura porque al ser ellas las que lo hacen, se sienten menos rechazadas. Otro factor muy importante a la hora de esta decisión que haya amigo y familiares que puedan ayudar, un buen estado en la economía, que los hijos se encuentren en buena situación, y que haya un amante, aunque sea sólo de paso.

El divorcio.

-Los motivos del divorcio.

Es muy común que los ex-cónyuges tengan más sentimientos de rabia, entre ellos, que en los últimos meses de matrimonio. Las peleas legales por la custodia de los hijos, la pensión alimenticia, los bienes…. ayudan igual que lo hace el instinto de cada persona de mantener su autoestima; culpan al otro.

Las amistades se reducen porque les resulta difícil relacionarse con los dos miembros de la pareja, y el apoyo de los parientes políticos es escaso.

En el trabajo también suelen tener problemas, debido a que no tienen el mismo grado de atención. Están más expuestos a la soledad, desequilibrio, inadecuadas pautas a la hora de comer, dormir, trabajar, tomar alcohol, drogas…incluso a la confusión sexual. Estas cosas suelen desaparecer a lo largo de algunos años, pero a veces porque pueden permanecer en personas que no se vuelven a casar.

Sufren más de depresión. Está demostrado con estudios.

La existencia de los hijos también suele afectar a la adaptación, sobre todo si la carga económica cae en uno de los dos cónyuges y siguen manteniendo contacto. A demás su actitud se vuelve más desconsiderada o exigente con los padres, incluso muchas veces se vuelven celosos e intolerantes al ver a sus padres en nuevas relaciones.

Se puede decir que el padre se distancia de su hijo año tras año, no solo física sino, psicológicamente. No está en sus manos siempre poder acceder al contacto con frecuencia, muchas veces la imposición de la madre lo dificultad, por lo que en la mayoría de los casos de hombres divorciados y que no se han casado corren el riesgo de pasar una vejez solitaria.

-¿Por qué nos divorciamos?

Generalmente hay un distanciamiento emocional que termina con el divorcio. También puede ser que haya algo que lo precipite (por ejemplo una infidelidad), aunque no suele ser muy común si la pareja disfruta de una buena relación.

La mayoría de los matrimonios recuerdan el último año de su relación como infeliz, y en la mayoría de los casos es la mujer quien toma la decisión de separarse y terminar con ese malestar.

En las parejas jóvenes y en las adultas, se toma la determinación porque se busca en la relación algo que no se encuentra. Y lo más oportuno para esta situación parece ser la separación. La mayoría de las perspectivas no cumplidas son debidas a la poca información que hay sobre el matrimonio, tanto a nivel religioso como social. La comparación con la realidad desvela esas diferencias.

Cuando la pareja son personas adultas y ya los hijos se han independizado, les resulta mucho más fácil tomar la decisión (puesto que ya no tienen que “mantener” la estructura familiar), si la relación no era buena. Sienten que no pueden pasar el resto de su vida juntos y creen que esta decisión es lo más correcto.

-Los hijos ante el divorcio.

Para un hijo el divorcio significa no poder tener totalmente a sus padres. En la primera etapa hay menos acceso debido a los problemas emocionales de los padres. Hay poca comunicación y ésta suele ser poco directa y cuando ven que uno de sus progenitores abandona el hogar, se preguntan si el otro también lo hará.

Se sienten confusos, tristes, se enfadan con sus padres y con ellos mismos, se sienten culpables de la separación, creen que no han actuado como tenían que haberlo hecho. A veces tienen un comportamiento ejemplar, con la esperanza de que se reconcilien sus padres. En estas situaciones hay que explicarles que el divorcio es solamente causa de los padres y no de ellos, y que no hay marcha atrás.

Mientras el divorcio concluye y después de el mismo, la relación de los padres con los hijos cambia y se alejan afectivamente; no se ven en condiciones de ser cariñosos ni comunicativos y hay ocasiones en que controlan poco sus actos. Esto es expresamente llamativo cuando los padres lloran en sus hombros, compiten por la custodia e incluso llegan al soborno (emocional o a través de regalos).

Otra particularidad es el rechazo a que sus padres tengan otras relaciones de pareja. Si no son muy pequeños, se pueden ver a ellos mismos como el “hombre o la mujer de la casa” y, por lo tanto, protectores de el cónyuge con quien vive (sobre todo si es la madre). La presencia de otra persona les incomoda hasta el punto de convertirse en rivales y se comportan con ellos de manera muy hostil.

La reacción de los hijos

-El tipo de relación con los padres.

Tener apoyo emocional y compartir experiencias es algo muy importante en el desarrollo emocional de una persona, en este caso de los hijos. Más importante que los dos padres estén en casa es la calidad de la relación que se tiene, aunque el contacto no sea muy frecuente.

Es muy común ver a hijos que se encuentran mejor una vez que se han separado los padres. Si tenían buena relación con ellos pero tenían que aguantar las continuas peleas entre los padres, la separación quitará esa situación perjudicial.

-El grado de dificultad del divorcio.

Si durante el divorcio ha habido mucha enemistad, el hijo va a tener más temor y va a estar más enfadado, con lo que tendrá menos bienestar.

La manera de adaptarse posteriormente será más complicada por la inseguridad creada, sobre todo cuando crece su fragilidad por las continuas peleas por su manutención y custodia. Si a parte tiene que elegir por uno de los dos, la cosa es aún peor.

-Los cambios en su rutina diaria.

Su nueva vida como hijo de divorciado será más fácil si sigue manteniendo intacta el resto de su vida. Cambio de vivienda, de ciudad, de colegio, de amigos, de normas…serán una fuente más de estés que serán muy negativas para adaptarse a la situación.

Es muy importante que los padres tengan esto en cuenta, por el bien de sus hijos.

Los abuelos ante el divorcio.

-Los padres de la pareja.

Cuando termina el divorcio es mucho más fácil que los padres de quien ha obtenido la custodia vean con más frecuencia a los niños. Los padres del otro cónyuge lo tienen más difícil, sobre todo si el cónyuge que tiene la custodia cambia de lugar de residencia o si la relación entre las familias no es buena.

-El dolor de los abuelos.

Muchos de estos abuelos sufren con esta situación, a la que en algunos casos intentan poner remedio y solicitan derechos de visita.

La ley actúa de diferente manera según la sociedad. Según la opinión de los psicólogos, la manera de actuar en una familia es una cosa que puede incrementar mucho la empatía y aumentar el desarrollo personal del niño, pero igual que en todas las relaciones se tiene que valorar la calidad de dicha relación.

Sólo por estar vinculado mediante la sangre no garantiza la buena relación entre un nieto y un abuelo que la relación que el niño pueda tener con otra persona.Las consecuencias

Vanessa Arjona

Aprendiendo a ser padres

Educar… ese desafío tan agradable como complicado e inseguro. ¿Cuál es el trabajo de los padres en este caso? Simplemente convertir ese amor en un comportamiento que exprese eso mismo, amor por nuestros hijos, sólo así crearemos una interacción provechosa.

Estoy completamente segura de que educar es el trabajo más complicado al que nos podamos enfrentar. Cuando nacemos nuestro cerebro es un grupo de neuronas y tejidos preparados para absorber todo lo que le podamos dar. Y, en efecto, de nosotros los padres dependerá muchos años, aprendiendo a hablar, comportarse, ser feliz.

¿Qué queremos los padres? Hacerlo lo mejor posible, ofrecerles todas las herramientas posibles para que a la hora de enfrentarse a la vida, les sean útiles y así ser mejor personas.

Cuando el niño se porta bien y obedece la cosa va estupenda; pero en cuanto al niño le entran sus ataques de berrinche los padres se desilusionan y digamos que entran en una batalla entre la tristeza y el enfado. Incluso llegan a sentirse culpables del comportamiento de sus hijos y hasta llegan a dudar de su capacidad para educar.

Hasta no hace mucho tiempo la educación se basaba en ofrecerle al niño la básico. La educación la ofrecían los padres y los abuelos que normalmente estaban en casa. Hoy día los tiempos han cambiado, estamos muy preocupados por la educación de nuestros hijos, buscamos toda la información posible para saber qué hacer en cada momento. Aparte de esto, la educación la reciben de los padres, la escuela, los amigos, la televisión y últimamente Internet.

Algo muy importante en la educación es que hay que ser rectos y poner límites a los hijos. Debemos tomar consciencia de que no somos simplemente amigos suyos, sino educadores que ofrecemos un soporte y amor incondicional.

Desde que son pequeños, los niños necesitan de rutinas. Necesitan normas para sentirse seguros, fijar el aprendizaje y las conductas. Son también una buena herramienta para los padres ya que así motivan algunas acciones.

Cuando no tienen lo que quieren, los niños se frustran, pero la obligación de los padres es darles lo que necesitan, no lo que quieren. Como padres eso supone pasar muchos malos ratos de culpa que tendremos que aceptar y asumir, ya que las cosas nunca salen bien a la primera. Es muy importante no darse por vencido ni renunciar a la tarea de padres, lo que tenemos que hacer es seguir intentándolo hasta que nos salga.

A veces es muy posible que no haya pleno acuerdo, pero hay que ser muy firme a la hora de tomar decisiones tanto el padre que las toma como entre la pareja. Es inútil si el niño recibe mensajes contradictorios de los padres. Es decir, si uno de los padres castiga al niño y el otro padre le perdona o este no se mantiene, evidentemente se conseguirá bien poco.

Tenemos un medio excelente que es la palabra. Hay que hablar mucho con los hijos desde muy pequeños, explicarles por qué tiene que hacer esto o aquello otro, aunque creamos que no nos escuchan, debemos esforzarnos para inculcarles desde pequeños la importancia de la palabra.

Está claro que educar es algo muy complicado, con lo que es muy normal que a veces los padres sintamos que no sabemos qué hacer y que necesitemos tiempo para nosotros para poder sentir esa frustración después de haber ejecutado algo que al final no ha funcionado. Comprobar cómo nos sentimos y qué hacemos con esa frustración: ¿hacemos partícipe al niño y le cargamos con la responsabilidad o por el contrario asumimos ese sentimiento y dejamos que pase y se vaya?

Es un proceso de observación de los propios sentimientos que debemos hacerlo desde el punto de vista de la curiosidad sin sentirnos mal, ni pensar que somos malos padres y que no lo sabemos hacer. Se trata simplemente de comprobar qué sentimos con el comportamiento de nuestro hijo. ¿qué provoca en nosotros.

Cuando estamos en un lugar público y el niño se coge una rabieta, nosotros para terminar pronto con esa vergonzosa situación, le damos lo que quiere, pero le estamos demostrando que así consigue lo que quiere. Así que, es muy importante aprender a conectarnos con lo que el niño provoca en nosotros y lo que nosotros provocamos en él. Lo importante no es la decisión que se toma en cada momento, sino desde qué situación se toma: si es desde la rabia, el malestar, el enfado… Debemos pararnos y tomar aire, observar la situación con detenimiento y ver si lo que nos pide se lo podemos dar o no en ese momento. Hay que ser conscientes de lo que se hace y por qué.

En mi opinión no existe una estrategia eficaz. Hay que ser comprensivos con nosotros mismos y saber que por mucho que hagamos, siempre fallará algo. No existen los padres perfectos. Pero pienso que sí que podemos ser los mejores padres que nuestros hijos puedan tener.

Siempre hacemos todo lo posible por que todo salga perfecto, pero siempre hay momentos de duda y fracasos. Pero es que no somos perfectos, ni tenemos que pretenderlo. Hay que disfrutar de nuestros hijos. Tomémonos todo con sentido del humor, demos menos importancia a los problemas. La mejor y más maravillosa experiencia que puede tener un ser humano es tener un hijo y creo que todos los educamos perfectamente. La prueba está en que son personas maravillosas.

Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia, cariño e integridad, piensen en ti.

H Jackson Brown