Abandonar el sentimiento de culpa

Ya has tomado la decisión. Después de darle quién sabe cuántas vueltas, por fin lo has decidido: TE SEPARAS. A partir de ahora ya no sufrirás más, tu vida cambiará!

Pero hay algo que te irrita, algo que no te deja tranquila… El sentimiento de culpa. Te sientes muy mal. Te sientes culpable. Culpable por hacerle daño, culpable por tirar por la borda todas vuestras ilusiones y proyectos.

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Y entras en el proceso del duelo. Es la misma sensación que cuando muere un ser querido. Sientes un gran vacío y una pérdida. Sientes que le pierdes, porque en realidad así es, le pierdes.

Pero, “¿Por qué siento ésta culpa?”, piensas. Pues fundamentalmente es porque crees haber violado alguna norma de tu moral. Porque lo que en verdad piensas es que si dejas a alguien, no respondes sus llamadas o no le das una oportunidad, está mal. Entonces es cuando aparece la culpa y te recuerda que debes ir conforme a esas reglas. La culpa es un sentimiento natural de los humanos.

Muchas mujeres maltratadas no son capaces de dejar a sus maridos, entre otras cosas, porque su código interno les dice que separarse está mal. Así es como funciona el sentido de la responsabilidad.

El problema está en que si defiendes ese código incondicionalmente, y no tienes en cuenta que debes ajustarlo a la realidad, te será muy complicado superar el duelo. Admitir esa norma y reflexionarla te ayudará a descubrir lo que en realidad hay detrás para que puedas abandonar el sentimiento de culpa. No es tarea fácil cambiar nuestras creencias y habituarse a las nuevas. Necesitarás ayuda para ello, pero créeme que valdrá la pena.

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Debes afrontar esa culpa de manera que no te ahogues en sentimientos negativos. Es normal equivocarse, es señal de que eres tú quien elige, con lo cual también debes afrontar las responsabilidades.

La culpa requiere un gran esfuerzo para poder escapar de la gran carga que que supone. Y para superarse no basta con “hacerse la loca” y hacer como si no pasara nada. Responde sinceramente, ¿crees que todo se resuelve con sentirte culpable?

No olvides que una relación es cosa de dos, por lo que tanto el enriquecimiento como la degeneración depende de ambos. Si solamente miras los errores de uno de los dos, no estás siendo realista, eso no te ayuda. De ahí nace la culpa.

Puedes experimentar “ataques” de culpabilidad o, por qué no, de responsabilidad por la situación.

Puedes pasar noches enteras pensando y dándole vueltas a qué es lo que has hecho mal y por qué ha salido así. Repito, echarte la culpa no te va a ayudar a arreglarlo. No sirve de nada, incluso aunque tú fueras la culpable.

La culpa te paraliza y no te deja avanzar en el proceso del duelo.

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Céntrate en tus nuevos propósitos y olvídate de remordimientos. Es la única manera de poder estar bien contigo misma.

No olvides nunca que cuando una pareja se rompe es porque ambos se han equivocado.

Si sigues metida en el papel de víctima seguirás pensando que es él quien te deja y llorarás eternamente porque no cambia.

Tampoco sirve de nada culpar a los demás. Acepta tu nueva etapa e intenta vivir lo más feliz que puedas.

Espero haberte ayudado y recuerda:

La vida no te quita personas, te aleja las que no necesitas”.

Vanessa Arjona

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¿Qué pasó con la ilusión?

¡Qué bonito cuando empiezas una relación de pareja! Miles de ilusiones te rondan en la cabeza. Todo es bonito. Vives flotando. Te arreglas sólo para él. Siempre estás con la ilusión de verle. No ves el momento en que podáis estar juntos, cada vez queréis veros más. Todo son palabras bonitas, caricias, besos… Ilusiones. Vives con la ilusión de vivir juntos, de veros cada día, a cada minuto, de poder compartir todo en la vida con él.

…Llega el día tan deseado, ¡por fin os vais a vivir juntos! ¡Qué ilusión! Durante un tiempo (por poner ejemplos, pondremos dos semanas – que puede variar según la pareja – algunas algo más, otras algo menos, depende de la pareja), todo es más o menos como lo habíais imaginado: besos, caricias, sexo, dulzura, ilusiones

Pero llega un día en que tenéis vuestra primera pelea desde que vivís juntos. Y notas que algo es distinto, que algo ha cambiado. Te preguntas cómo un ser tan cariñoso, dulce y romántico puede, en cuestión de segundos, cambiar tanto. ¿Cómo puede transformarse en “esa criatura” tan distinta a tu amado? ¿Dónde está, dónde se ha metido? Te sientes mal, pero lo que te duele no son sólo las palabras, lo que más te duele es de quién vienen. No te puedes creer que, de esa boca que tanto te gusta y que, hasta ahora sólo habían salido cosas bonitas, hayan salido tantas barbaridades. Porque cuando no vivíais juntos alguna vez pasó algo parecido (o peor), pero él se iba a su casa y tú a la tuya, al rato te llamaba y…. ¡PUF! Ya desapareció todo. Pensabas que eso cambiaría cuando vivierais juntos, porque “esas discusiones de antes eran solamente porque os deseabais tanto que la sola idea de veros lejos os atormentaba”…. :/

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Creías que eso cambiaría al iros juntos a vivir. Lo pasas mal y te preguntas qué pasó, por qué no ha cambiado tras vivir juntos. Pero llega la reconciliación y, al igual que antes pensabas que era el fin del mundo, que todas tus ilusiones se habían desvanecido, ahora piensas justo lo contrario: te invade la alegría, el sol vuelve a salir y todo vuelve a ser bonito. No le das importancia a lo ocurrido anteriormente y piensas, incluso le justificas: “Todo el mundo tiene un mal día”. Te culpas tú misma porque “tú le has provocado, le has hecho perder el control… ¡Te has pasado! ¡Con lo bueno que es!

Pasan días y todo va “a la perfección”, pero vuelve a ocurrir. Otra pelea, esta vez más fuerte que la anterior. Le pides, por favor, que pare porque te está haciendo daño. Pero no. La cosa sigue. Le buscas, quieres que termine ya y lo único que consigues es que se enfurezca más aún. Te gustaría saber qué ha sido lo que ha provocado la discusión para que se encolerice de tal manera. No encuentras la respuesta, lo que escuchas es que TÚ has dicho o hecho esto o lo otro. Entonces piensas que no merece la pena seguir. Piensas que tus ilusiones, ciertamente se han marchado. Te quieres armar de valor e irte de casa, piensas que es pronto para semejantes cosas y aún estás a tiempo… Algo te lo impide. Sabes que ya no le tendrás, que le echarás de menos. Piensas que sin él no podrás vivir y que todo cambiará.

Decides quedarte y darle otra oportunidad. Por fin os reconciliáis y se olvida todo. Otra vez sale el sol y cantan los pajaritos “¡Pero si es muy bueno, lo que pasa es que todo no le va a sentar bien! Es humano y tiene derecho a equivocarse. Es que para aguantarme a mí…

Vuelven a pasar los días y, ¿a que no sabes? Sí, eso que estás pensando: ¡Otra pelea! ¿Y ahora, cuál es el motivo? Según tú, “la convivencia, que es muy dura… ¡Si él es muy bueno!” Otra vez la misma operación: te culpas tú.

Cada vez las peleas son más frecuentes, el motivo da igual, la cuestión es pelear.

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Te paras a pensar y caes en la cuenta de que cada pelea termina porque TÚ pides perdón, eres la única que cede en la relación. Él nunca lo hace, al contrario, si puede seguir culpándote, no duda en hacerlo. Te preguntas cuántas oportunidades le has dado ya… son muchas. Te preguntas hasta cuándo la cosa seguirá así. Te preguntas si es es normal o es maltrato. Descartas esa idea rápidamente porque es imposible que tu amado sea un maltratador. “Él no es así”. A pesar de que has pasado por muchas humillaciones y ofensas de su parte, no quieres creer que él sea “eso”.

¿Cuántas veces has soñado con que se lance a tus brazos, que te calle a besos, y te “forre” de abrazos en medio de una pelea, cuando más enfadada estás? Desafortunadamente, nunca lo hace… Te sientes hundida, y sientes frustración. Sabes que no eres precisamente la mujer de sus sueños, sientes y crees que no eres la mujer que él quiere a su lado. No eres “su musa”.  Te culpas de todo y por todo. Como consecuencia, empiezas a dejarte, a descuidarte y… engordas incluso. Ya no sientes que le gustas, ¿qué sentido tiene que te pongas guapa? ¿Para quién?

Amiga, ese no es el camino. ¿Qué es lo que te une ya a esa relación? Esperas que todo cambie, pero sabes que no. Sabes que cambiará unos días, pero volverá, volverá a ocurrir.

No tiene sentido que sigas sufriendo. La ilusión desapareció por parte de los dos. Ya no queda nada, no tiene sentido seguir alimentando algo que está muerto. Sal de esa relación. Es difícil, lo sé, pero es lo mejor por el bien de los dos. Tal vez él también esté sufriendo. ¿Piensas ser toda tu vida una amargada? ¿Es justo que ambos sigáis con una relación que en la que ya no hay nada?

Quédate con todo lo bueno y con todo lo que aprendiste y piensa que algo mejor está por venir

No le des más vueltas… Todo en la vida sucede por algo. No te aferres a aquello que no podrás volver a tener. Deja que llegue a ti lo que mereces.

No es necesario GOLPEAR para HACER DAÑO:
Una PALABRA duele,
Un SILENCIO duele,
Una TRAICIÓN duele,
Un DESPRECIO duele,
La INDIFERENCIA duele…

Vanessa Arjona