El enfado, ¿por qué nos parece tan difícil controlarlo?

¿Te enfadas a menudo? ¿Eres una persona gritona? ¿Sientes que te “va a dar algo” porque las cosas no son como te gustaría? Toma nota e imponte paciencia, tu salud lo agradecerá.

Generalmente pasamos gran parte del tiempo enfadados, aunque sean explosiones cortas. Nos enfadamos con los hijos, la pareja, el trabajo, con la vida en general. El enfado lo podríamos comparar con una batería que se va cargando. Va poniendo a las partes cada vez más enfrentadas y esto hace que nuestros esfuerzos vayan siendo menos eficaces, más inútiles. A parte de que influye directamente con muchas enfermedades.

El enfado implica una negación de la realidad, algo que no nos gusta. Duele igual que un golpe y lo que hacemos es reaccionar con rabia e incluso, agresividad. El problema está en que como reaccionamos atacando en una actitud de defensa, esa defensa a quien afecta primero es a nosotros mismos, porque incide directamente en nuestro estado físico y mental. Igual que el odio, es como una piedra ardiendo que a quien primer quema es a quien la lanza.

Nos enfadamos en contra de lo que no aceptamos. Y no conseguimos aceptarlo. La frecuencia de nuestros enfados nos aportan una pista sobre nuestra aceptación y tolerancia. Distingue nuestros puntos débiles y cuáles son las personas o situaciones en las cuales queremos tener más control.

Por ejemplo, mucha gente tienen mucha paciencia con los problemas del trabajo y amigos, sin embargo cuando están frente a su pareja o sus hijos explotan fácilmente, esto no quiere decir que les traten peor que los demás. Pero por mucho que queramos insistir en culpar la finalidad de nuestro enfado, lo único que deberíamos ver es que tenemos un problema de aceptación con esa persona o situación, y más intenso cuanto más enfadados estemos.

Lo primero que deberíamos hacer sería analizar con qué personas o situaciones nos alteramos más frecuentemente. Si la respuesta es “todo” quiere decir que nos hace falta una gran dosis de reflexión y, seguro que, de ayuda externa (libros de autoayuda, técnicas de relajación…) que nos aporten otro punto de vista a cerca de la vida. Pero si la respuesta es que nuestros objetos de enfado son pocos y claramente definidos, estaremos viendo los puntos flacos de nuestra inteligencia emocional. Donde más nos duele. Aquello que no somos capaces de controlar.

Cuanto más subido tengamos el ego es más fácil que que cualquier cosa lo enturbie. Un simple gesto de disgusto por parte de otra persona puede ofendernos, una mirada puede herirnos, todas las palabras o gestos de nuestro alrededor pueden causarnos un enfrentamiento con un ego muy subido al que todo le molesta.

No nos tomemos nada como algo personal, cada cual vive su vida como una película en la que es el protagonista y los demás son figurantes. Cada uno intenta resolver sus miedos, carencias y miserias como mejor puede. Y la manera de reaccionar ante la vida y sus circunstancias depende de eso, no de los figurantes que pasan por allí.

No somos tan importantes en la vida de todo el mundo como para que cualquier cosa que hagan tenga que ver con nosotros necesariamente. En el momento en que podemos entender esto nos afectarán menos las opiniones de los demás. Y seguro que tendremos más paciencia y comprenderemos mejor las cosas.

CONTROLAR VS REPRIMIR

Cuando sentimos los efectos del enfado – la presión alta, dolor de cabeza, garganta irritada por los gritos – nos preguntamos por qué nos cuesta tanto controlarnos. Según los budistas, la respuesta es que nuestra paz interior es muy débil y alcanzarla es para nosotros un gran esfuerzo. Sin embargo son muchos los motivos de rechazo y sufrimiento que tenemos fijados en nuestra mente, creándonos así varios momentos de dolor y frustración.

No es igual controlar el enfado que frenarlo. Lo frenamos en el momento que domina nuestra mente, aunque no lo queramos ver. No queremos estar enfadados, nuestras acciones las controlamos pero el odio no.

Aunque frenemos los sentimientos o las emociones no los dejamos de sentir. Alguien nos dice algo que nos molesta mucho y nos callamos para evitar el enfrentamiento. Frenamos algo que nos podría provocar un enfrentamiento que no deseamos, pero no lo podemos controlar porque está ahí y seguirá estando aún más fuerte hasta que llegue el momento de la explosión. Y lo haremos hacia fuera – con la interminable lista de resentimientos que hemos ido guardando – o hacia dentro – con dolores de cabeza, gastritis y varias alteraciones de la salud -.

Por otra parte, el control no incluye dolor ni ninguna contención. Podemos callar o responder al “ataque” de la persona, pero si nos dedicamos a comprender y aceptar, no tiene por qué haber molestia alguna. No debemos sentir la herida, así lo que digamos no hará daño a nadie. Es en el momento en que controlamos nuestra mente cuando no sentiremos dolor, con lo que no habrá nada que frenar. Y no existe motivo alguno para el enfado.

Entre tantas cosas existe “el arte de pensar mejor para vivir mejor” que consiste en controlar el pensamiento ( y las emociones) sin olvidar nuestro principal objetivo: ser felices. Practicándolo llegará a convertirse en algo voluntario y natural. Ya no habrá nada que controlar ni reprimir.

EL ENFADO Y LA SALUD

La relación entre enfado y salud parece más complicado de lo que se creía. Recientemente un estudio ha confirmado que contener el enfado es dañino, pero aún así expresarlo moderadamente ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Varias investigaciones coinciden en que la propensión al enfado continuado tiene contacto directo con enfermedades del corazón aunque hay pocos trabajos que se han ocupado de ver como se puede exteriorizar la ira.

El dolor de cabeza

Y es que como decimos, el enfado interfiere en la salud. Al igual que al sistema cardiovascular, también afecta al dolor de cabeza.

Y volviendo a repetirme, saber controlarnos nos ayudará a evitarnos más de uno. La cuestión es desfogarnos o no.

El científico Robert Nicholson nos dice que debemos aprender formas de competir con el enfado, evitándolo.

Aquí te dejo algunas recomendaciones:

  • Hacer tres respiraciones profundas. Así ayudarás a reducir la tensión que se crea cuando nos enfadamos.
  • Entender por qué estás enfadado. Debes detectar las situaciones o personas que nos originan la ira, para que nos sea más fácil evitarlos.
  • Exprésate, pero sin hacer daño. Sé lo más comunicativo que puedas de manera tranquila.
  • Cambia el entorno. Sal a pasear un rato y toma el aire. O pon música y canta, canta fuerte.
  • Mira la vida como una serie de grises, no veas sólo el blanco o el negro.
  • Reconoce que a veces la vida es injusta, y a veces aquellas personas que nos hacen enfadar no tienen razón.
  • Dejemos ir las cosas que están fuera de nuestro control. Solamente te puedes cambiar a ti y tus respuestas con respecto a los demás. No puedes cambiar lo que otros te hagan a ti. Si te enfadas no solucionas la situación y te sientes peor.
  • Perdona. Tal vez sea lo más complicado, pero es lo más positivo.

LAS CONSECUENCIAS DEL ENFADO

El enfado es una de las trampas más comunes y dañinas a las que nos enfrentamos la mayoría de los días. Nos enfadamos cuando no obtenemos lo que o nos enfrentamos a algo que no nos gusta. Hay muchas situaciones en que nos enfadamos muy fácilmente. Y los resultados son evidentes: perdemos la paz interior, nos sentimos incómodos, sentimos malestar, somos incapaces de controlar nuestras emociones. No razonamos. Llegamos incluso a dañar a los que queremos, aunque sea verbalmente, perjudicando así nuestras relaciones.

¿Cómo se puede controlar el enfado?

  • En el momento en que veamos que nos vamos a enfadar debemos recordar las consecuencias.
  • Decidir firmemente no enfadarnos nos ayudará bastante, sobre todo si tenemos en cuenta las consecuencias. Primero lo podemos hacer unas horas, a medida que nos acostumbremos serán días.
  • No culpemos a los demás, debemos entender que nuestro malestar es nuestra falta de aceptación y contiguo enfado.
  • Aceptando a los demás como son, sin juzgarles tendremos mejores relaciones y así podremos controlar el enfado.
  • Si estamos a punto de enfadarnos con alguna persona, recordemos lo bueno que nos aporta.
  • Alegrémonos de lo bueno que les pasa a los demás, así superaremos la envidia y nos ayudará a paliar el enfado.
  • Hay que tener mucha paciencia.
  • Paciencia y resignación no son sinónimos. Con la paciencia mejoraremos nuestros deseos y nos comunicaremos mejor con los demás.
  • No es lo mismo controlarnos que reprimir el enfado.
  • Rechazando las complicaciones y enfadándonos, empeoraremos la situación.

Si algo tiene solución ¿por qué sentirnos desdichados? Y si no la tiene, tampoco hay razón para serlo”. Shantideva, maestro budista

Vanessa Arjona

Agradecimientos a iMprove (publicar en iphone). Para mas información sobre desarrollo personal ver las aplicaciones iphone de iMprove

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