Meditar en la quietud

Es muy difícil disparar una flecha y dar en la diana, si antes no nos hemos tomado el tiempo necesario si no nos relajamos antes. Igualmente precisamos inmovilidad para encontrar el propio centro con la idea de que podamos sacar lo mejor de nosotros. La inmovilidad ayuda a concentrarse, por eso desde ella podemos desempeñar mejor cualquier movimiento.

Siempre, en cualquier momento del día llega un momento de quedarse quieto, de parar, quieto, sentado, contemplando la respiración, y sintiendo lo importante de la vida… la misma vida. Es el momento de disfrutar y de dar las gracias, agradecer la oportunidad de tener esta experiencia, la de sentir la vida. Y desde esta perspectiva, de quietud, podemos ofrecer que se difunda a los demás.

Es muy importante liberarse de lo malo, una mala observación o una mala acción puede hacernos sufrir, por lo tanto debemos centrarnos en lo que es de verdad importante.

La inmovilidad se puede ejecutar de pie o sentados, con una postura erguida, con la espalda recta y los hombros caídos. Los ojos cerrados o bien abiertos con la mirada fija en algún punto, debemos tener una actitud sonriente y serena.

PARA UNA POSTURA SERENA:

  • Debemos tomar postura de trípode, para encontrar el centro de gravedad con el cuerpo, para ello dejamos la misma distancia entre las dos rodillas y entre ellas la columna y el cuello.
  • El cuerpo debe descansar sobre los isquiones. Sobre esta base debe el cuerpo mantenerse erguido pero relajado totalmente.
  • Los ojos deben estar cerrados, centrados en el momento y sintiendo las pulsaciones.
  • Todo el cuerpo estará relajado: caderas, rodillas, pies, dedos de los pies…
  • Ahora es el momento de respirar suave y profundamente.

Esta parada nos ayuda a concentrarnos y a sentir el movimiento de la respiración, el vaivén de reequilibrio y las inmensa cantidad de ideas que la mente es capaz de crear.

Esta es la base para meditar y también donde recuperaremos nuestro centro, nuestra habilidad para poder desarrollar mejor el destino de nuestra vida.

RECOMENDACIONES:

Busca cada día un momento para ti, para encontrar tu centro, tu sonrisa. Es simplemente, saber estar con gusto en el sitio.

Una postura considerable, agradable y serena pero firme, con la fluidez del agua y la fortaleza de la roca. Aunque pueda parecer contradictorio, no lo es porque unifica los contrarios y devuelve el equilibrio.

Del vacío del sabio surge la quietud; de la quietud, la acción; y de la acción, el logro”.

Vanessa Arjona

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