Mi experiencia en Madrid

Esta vez contaré una experiencia. Mi experiencia en Madrid.

Resulta que yo ni si quiera sabía a dónde iba ni qué iba a hacer. Michele me envió un correo que decía parecer importante. Lo leí. La verdad, tengo que decir que en un principio no sabía de qué iba eso, pero cuando lo volví a leer me pareció interesante. Él me sugirió ir, yo acepté. Pensé que sería una buena oportunidad para poder aprender y así tener la oportunidad de exponer mi proyecto.

Llegó el día del viaje. Todos nos preparamos para viajar, nos fuimos en bus hasta Madrid. El viaje fue largo pero ameno. Cuando llegamos, la verdad es que estaba cansada y me entró un momento de agobio cuando empezamos a coger metro: sube aquí, ve por este lado, por aquel otro… ¡qué lío por Dios! Por suerte las personas que iban conocían bien las estaciones y el lugar.

Llegamos al “garaje”, sí es verdad que estaba asustada: es evidente que yo no conozco nada del mundo de los negocios, ni de la informática, no tengo estudios y no sé prácticamente de nada que no sea limpieza, campo y cuidado de niños. Hubo momentos en que me entró el pánico.

Cuando accedimos al recinto había mucha gente, todo el mundo sabía qué había que hacer menos yo. Me sentí una inútil. Gracias a que estaba Michele y me contó un poquito, porque – entre tú y yo – ¡qué malo es para explicar! Bromas a parte, si no hubiese sido por él estaba perdida allí dentro. Por suerte duró muy poco.

Las mesas estaban llenas de gente, nos tuvimos que quedar un poco apartados porque no había sitio. Comenzó la presentación, hablaron dos mujeres y a continuación algunos hombres que nos fueron explicando lo que iría sucediendo.

Ueia es un evento que trata de proyectos sociales. Me explicaré mejor: se trata de que cada persona que va allí lleva una idea, una idea de negocio que unifique o una el mundo de la tecnología con lo social. Intentar ayudar a la gente a través de Internet. Nosotros llevamos uno, se trata de ayudar a la mujer maltratada a través de la web, ofrecerles apoyo psicológico y emocional online.

Hicimos lo que se llama un “Word café”, sentí miedo, pensé que si Michele se iba y me dejaba sola me perdería, que no sabría qué hablar ni qué hacer. Sí. Para mí es mi guía, al menos en este mundo.

Y se fue, me dejó sola en una mesa donde por suerte estaban Alex, Enrique y Carlos. Estaba atemorizada, no quería hablar por miedo a meter la pata y decir alguna barbaridad, así que me limité a escuchar, y aprender. Aquella gente – empresarios todos – hablaban tan bien que era absurdo que una paleta como yo hablase.

Cambio de mesa. Pero estaba Enrique, en parte me sentí aliviada porque estaba allí. Pero no sé por qué me empecé a sentir más a gusto y más tranquila, la gente de esta mesa me parecieron más simpáticos. Me hicieron hablar, me preguntaron de donde venía y a qué había ido allí, qué tenía en mente. Contesté a las preguntas y me sentí relajada, aquellas personas me hicieron sentirme aliviada.

Terminó el Word café y salimos a fumarnos un cigarro, una chica que había en la última mesa salió con nosotros. Allí hablamos sobre “mi proyecto” y sinceramente, pensé que se trataba de una tontería hacer lo que tenía pensado, cuando hablé con aquella muchacha.

El siguiente paso fue exponer el proyecto, todos los que tenían alguno lo expusieron, llegó nuestro momento y pensé que me moría, me puse muy nerviosa cuando vi tanta gente mirándome. No pude ni hablar. Aunque él estaba conmigo, tenía miedo.

A partir de ahí no se retiró de mi lado, estuvimos juntos en todo momento, eso me reconfortaba mucho, como mencioné antes, Michele es mi guía.

Al final nos unimos con otra gente, ya que lo nuestro no salió, era muy parecido a lo que teníamos previsto, al menos iba del mismo tema. Y empezamos a trabajar.

Al principio volví a sentir ese pánico que suelo tener cuando no sé o entiendo de algo. Estaba con empresarios y se supone que son más entendidos que yo en cualquier cosa, pero poco a poco me empecé a sentir superior a todos ya que, por mucha carrera que tuviesen todos los allí presentes, yo era la desgraciada “experta”.

Comenzamos con un juego que me sorprendió, porque no sabía que tenía tanta creatividad. Poco a poco me iba sintiendo más cómoda, estaba aprendiendo mucho y sentía que mi opinión tenía valor. Miraba con atención cada movimiento que se hacía, escuchaba atentamente todo lo que se decía, y a la vez aprendía de toda aquella gente. La manera de decir las cosas, el modo de hacerlo. Lo estaba pasando bien a la vez que aprendía.

A continuación seguimos con algo que llaman “ model business canvas”. En mi vida había escuchado hablar de eso, no sabía en absoluto de qué se trataba, pero no me entró el pánico, al contrario, sabía que me ayudarían a “descifrarlo”, creo que mucha gente tampoco sabían lo que era.

Me sentía bien, segura de mí, a decir verdad, creo que nunca me he sentido tan segura.

Con el model business canvas la cosa seguía más o menos igual, creo que aprendí más en la mañana que con “eso”. Era muy repetitivo, no salíamos del mismo sitio y le dimos muchas vueltas a lo mismo. Eso no me gustó mucho. Ya estábamos todos cansados y no se ponían de acuerdo.

Hubo algo que me gustó mucho, fue la precisión de una de las personas que componían el grupo. Hablaba muy poco, pero cuando lo hacía era muy tajante, los dejaba a todos callados y dubitativos. Era fascinante. Me encantó la “informalidad” que tenía, cogió un papel y se tiró al suelo, allí empezó a escribir y exponer sus ideas, su opinión. Me gusta esa forma de ser de algunas personas.

Aunque la jornada fue agotadora, lo pasé bastante bien porque aprendí mucho.

El último día se me hizo muy largo, lo único que me motivó un poco fue cuando estuve hablando con Kepa que me animó a seguir con mi proyecto y poder cumplir con mi objetivo.

¿Me preguntas qué aprendí? Pues te diré que como bien sabes, no tengo ni tenía ni idea de negocios, pensaba que era mucho más complicado. Y me ha sorprendido el saber que es mucho más sencillo de lo que creía. Que se puede ser uno mismo, hablar como uno es, que no hay que ser un remilgado para estar en ese mundo; que se puede ser normal. Que incluso se puede hasta reír y pasarlo bien.

Algo que no me gustó fue que me sorprendió la manera en que te tratan cuando se enteran de que eres una mujer maltratada. Al principio nadie lo sabía y el trato era el mismo que al resto, después todo cambió. Era “la especial”. Eso me sorprendió y no acabo de entenderlo.

A parte de eso, no sabría qué decirte más. Sé que aprendí, aprendí y me sirvió de mucho. No te puedo explicar con palabras exactamente todo, porque ya sabes que soy una paleta y no me explico bien. Pero lo que sí que sabría sería desenvolverme, o al menos defenderme en el caso de verme con una situación similar.

Lo que sí tengo que decirte es que he venido muy motivada e ilusionada y que me gustaría poder seguir con mi propósito: ayudar a las mujeres que están o han estado en la misma situación que yo. Sé que no se puede acabar con los maltratadores, pero sí que se puede salir pronto de su lado, y eso me gustaría poder hacerlo.

Y ahora te dejo con una frase que refleje algo similar.

Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad. Madre Teresa de Calcuta

Vanessa Arjona

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