Pero, ¿por qué no le deja?

Hay quien no entiende por qué una persona se puede colgar en una relación de maltrato y no salir, piensan que nunca les pasaría, que se darían cuenta de momento y que saldrían rápido…

Tal vez tampoco lo entiendas, quizá porque lo estás viendo en una amiga y estás harto/a de ver lo enganchada que está de su pareja aunque la trate como una basura; hace mucho que no habláis, porque él no la deja, y están ocultos en su mundo. De vez en cuando tienen grandes peleas y ella te pide ayuda… otra vez. De mil maneras le has dicho que no merece eso, que lo que merece es algo mucho mejor, que se desenganche de una vez de él, pero nunca te escucha, en el momento en que la llama y le dice que vuelva, ella vuelve a desaparecer. Y ya estás cansado/a de intentar ayudar a una persona que una y otra vez vuelve a meterse en esa historia.

O quizá no lo veas porque tú eres quien está metida ahí, en uno de esos mundos, estás pasando por ello, tal vez no lo ves del todo claro.

No es fácil entender las complicaciones que pueda haber para dejar a quien te está ocasionando un gran daño. Aquellas personas que se cuelgan en una relación de maltrato, aquellas que tienen una relación de dependencia, son como algo eterno y firme que no pueden pasar el uno sin el otro. Uno está haciendo daño y la otra lo está recibiendo, los dos se necesitan, cuando se separan se echan de menos, se extrañan y lo normal es que vuelvan. Hay algo que se nos olvida, el amor… ¡el amor! Puede que esté por ahí en la cabeza o el corazón de la persona que perdona y vuelve. Tal vez no sea amor realmente, pero ella así lo cree y se autoengaña, piensa que sí lo es.

Puede ser porque el maltrato no es constante, cada minuto, a cada momento. La persona que maltrata no es un monstruo al que se le ve venir de lejos. La persona que maltrata, aparte de insultarte, chantajearte, amenazarte… también te admira, te besa, te dice palabras bonitas, te dice incluso que te necesita y que te quiere.

Ahí es en el momento que caes. Cuando piensas “ ya pasó todo”, “otra vez estamos bien”. Y un tiempo crees que el amor ha vuelto, pero ¿durante cuánto tiempo?

¿Durante cuánto tiempo estás dispuesta a seguir en ese plan? ¿Cuánto tiempo vas a seguir olvidando, no dando importancia, dando otra oportunidad? ¿Perdonando, pensando que quizá con el tiempo cambie?

El amor te puede enganchar tanto que puede llegar a ser como una droga, puedes ser adicto. ¿Has pensado que pueden existir otras opciones?

Seguro que llega el día en que te das cuenta de que eso que crees el amor de tu vida, lo veas de otra manera… eso espero. Tal vez te des cuenta de la autodestrucción en que estás metida. Seguro que con ayuda abrirás los ojos y te darás cuenta de que quererle más que a tu vida está muy bonito en las pelis, pero que en la vida real es de otra manera. En la vida real el amor es para vivirlo, no es para morir por él.

Quizá algún día decidas cerrar la puerta finalmente a esa espiral en la que hoy te encuentras. Y espero que no vuelvas a abrirla nunca más.

“Muchas veces es mejor dejar escapar un amor que solamente te lleva a tu propia destrucción”.

Vanessa Arjona

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La preocupación

La preocupación no es negativa de por sí. Es básica para la supervivencia y dignidad humana porque es esencial para la reflexión constructiva y sirve para avisar de algún peligro, además de que nos facilita la búsqueda de soluciones.

Pero cuando nos preocupamos continuamente sin poner ninguna solución, se crea un incesante ruido emocional que ocasiona un desesperante murmullo de ansiedad. Esto suele empezar con un relato interno que va de un tema a otro a una velocidad desenfrenada. Si llega a ser repetido y habitual, la persona nunca deja de estar preocupada y no se relajará. Y en vez de buscar la salida, solamente da vueltas y vueltas a esas ideas repetidas, haciendo más profundo lo que le inquieta.

Si esa espiral se hace más intensa y se mantiene, puede llegar a ocasionar trastornos nerviosos muy variados: fobias ( cuando esa ansiedad se fija en un gran resentimiento hacia alguna persona o situación), obsesiones ( por la salud, la limpieza, la imagen personal…), pánico ( frente a cualquier situación) , insomnio (resultado de preocupaciones no certeras).

¿Por qué puede terminar la preocupación en esa especie de “ adicción mental”?

Saberlo es complicado. Tal vez porque mientras que la persona está sumergida en “sus pensamientos” accede a perderse en una interminable cadena de preocupaciones donde se refugia.

¿Se puede hacer algo para salir de esa espiral de preocupación? Porque no es tan fácil seguir los consejos de “no te preocupes, distráete un poco”, y semejantes.

Lo mejor que se puede hacer es conocerse bien para poder descubrir el fenómeno y desde sus inicios, cortar la tendencia. Debemos tener una actitud crítica a cerca de el origen de la preocupación y hacerse tres preguntas:

  • ¿Cuántas posibilidades hay de que eso pase?
  • ¿Hay algo razonable que yo pueda hacer para evitarlo?
  • ¿Me está sirviendo mucho darle vueltas? O ¿de qué me está sirviendo darle tantas vueltas?

Así con una mezcla de atención y una sana desconfianza podremos frenar poco a poco la ansiedad y salir de ese círculo vicioso del que estamos presos.

“La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad de lo que fue en tu imaginación”. Wayne W. Dyer

Vanessa Arjona

El enfado, ¿por qué nos parece tan difícil controlarlo?

¿Te enfadas a menudo? ¿Eres una persona gritona? ¿Sientes que te “va a dar algo” porque las cosas no son como te gustaría? Toma nota e imponte paciencia, tu salud lo agradecerá.

Generalmente pasamos gran parte del tiempo enfadados, aunque sean explosiones cortas. Nos enfadamos con los hijos, la pareja, el trabajo, con la vida en general. El enfado lo podríamos comparar con una batería que se va cargando. Va poniendo a las partes cada vez más enfrentadas y esto hace que nuestros esfuerzos vayan siendo menos eficaces, más inútiles. A parte de que influye directamente con muchas enfermedades.

El enfado implica una negación de la realidad, algo que no nos gusta. Duele igual que un golpe y lo que hacemos es reaccionar con rabia e incluso, agresividad. El problema está en que como reaccionamos atacando en una actitud de defensa, esa defensa a quien afecta primero es a nosotros mismos, porque incide directamente en nuestro estado físico y mental. Igual que el odio, es como una piedra ardiendo que a quien primer quema es a quien la lanza.

Nos enfadamos en contra de lo que no aceptamos. Y no conseguimos aceptarlo. La frecuencia de nuestros enfados nos aportan una pista sobre nuestra aceptación y tolerancia. Distingue nuestros puntos débiles y cuáles son las personas o situaciones en las cuales queremos tener más control.

Por ejemplo, mucha gente tienen mucha paciencia con los problemas del trabajo y amigos, sin embargo cuando están frente a su pareja o sus hijos explotan fácilmente, esto no quiere decir que les traten peor que los demás. Pero por mucho que queramos insistir en culpar la finalidad de nuestro enfado, lo único que deberíamos ver es que tenemos un problema de aceptación con esa persona o situación, y más intenso cuanto más enfadados estemos.

Lo primero que deberíamos hacer sería analizar con qué personas o situaciones nos alteramos más frecuentemente. Si la respuesta es “todo” quiere decir que nos hace falta una gran dosis de reflexión y, seguro que, de ayuda externa (libros de autoayuda, técnicas de relajación…) que nos aporten otro punto de vista a cerca de la vida. Pero si la respuesta es que nuestros objetos de enfado son pocos y claramente definidos, estaremos viendo los puntos flacos de nuestra inteligencia emocional. Donde más nos duele. Aquello que no somos capaces de controlar.

Cuanto más subido tengamos el ego es más fácil que que cualquier cosa lo enturbie. Un simple gesto de disgusto por parte de otra persona puede ofendernos, una mirada puede herirnos, todas las palabras o gestos de nuestro alrededor pueden causarnos un enfrentamiento con un ego muy subido al que todo le molesta.

No nos tomemos nada como algo personal, cada cual vive su vida como una película en la que es el protagonista y los demás son figurantes. Cada uno intenta resolver sus miedos, carencias y miserias como mejor puede. Y la manera de reaccionar ante la vida y sus circunstancias depende de eso, no de los figurantes que pasan por allí.

No somos tan importantes en la vida de todo el mundo como para que cualquier cosa que hagan tenga que ver con nosotros necesariamente. En el momento en que podemos entender esto nos afectarán menos las opiniones de los demás. Y seguro que tendremos más paciencia y comprenderemos mejor las cosas.

CONTROLAR VS REPRIMIR

Cuando sentimos los efectos del enfado – la presión alta, dolor de cabeza, garganta irritada por los gritos – nos preguntamos por qué nos cuesta tanto controlarnos. Según los budistas, la respuesta es que nuestra paz interior es muy débil y alcanzarla es para nosotros un gran esfuerzo. Sin embargo son muchos los motivos de rechazo y sufrimiento que tenemos fijados en nuestra mente, creándonos así varios momentos de dolor y frustración.

No es igual controlar el enfado que frenarlo. Lo frenamos en el momento que domina nuestra mente, aunque no lo queramos ver. No queremos estar enfadados, nuestras acciones las controlamos pero el odio no.

Aunque frenemos los sentimientos o las emociones no los dejamos de sentir. Alguien nos dice algo que nos molesta mucho y nos callamos para evitar el enfrentamiento. Frenamos algo que nos podría provocar un enfrentamiento que no deseamos, pero no lo podemos controlar porque está ahí y seguirá estando aún más fuerte hasta que llegue el momento de la explosión. Y lo haremos hacia fuera – con la interminable lista de resentimientos que hemos ido guardando – o hacia dentro – con dolores de cabeza, gastritis y varias alteraciones de la salud -.

Por otra parte, el control no incluye dolor ni ninguna contención. Podemos callar o responder al “ataque” de la persona, pero si nos dedicamos a comprender y aceptar, no tiene por qué haber molestia alguna. No debemos sentir la herida, así lo que digamos no hará daño a nadie. Es en el momento en que controlamos nuestra mente cuando no sentiremos dolor, con lo que no habrá nada que frenar. Y no existe motivo alguno para el enfado.

Entre tantas cosas existe “el arte de pensar mejor para vivir mejor” que consiste en controlar el pensamiento ( y las emociones) sin olvidar nuestro principal objetivo: ser felices. Practicándolo llegará a convertirse en algo voluntario y natural. Ya no habrá nada que controlar ni reprimir.

EL ENFADO Y LA SALUD

La relación entre enfado y salud parece más complicado de lo que se creía. Recientemente un estudio ha confirmado que contener el enfado es dañino, pero aún así expresarlo moderadamente ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Varias investigaciones coinciden en que la propensión al enfado continuado tiene contacto directo con enfermedades del corazón aunque hay pocos trabajos que se han ocupado de ver como se puede exteriorizar la ira.

El dolor de cabeza

Y es que como decimos, el enfado interfiere en la salud. Al igual que al sistema cardiovascular, también afecta al dolor de cabeza.

Y volviendo a repetirme, saber controlarnos nos ayudará a evitarnos más de uno. La cuestión es desfogarnos o no.

El científico Robert Nicholson nos dice que debemos aprender formas de competir con el enfado, evitándolo.

Aquí te dejo algunas recomendaciones:

  • Hacer tres respiraciones profundas. Así ayudarás a reducir la tensión que se crea cuando nos enfadamos.
  • Entender por qué estás enfadado. Debes detectar las situaciones o personas que nos originan la ira, para que nos sea más fácil evitarlos.
  • Exprésate, pero sin hacer daño. Sé lo más comunicativo que puedas de manera tranquila.
  • Cambia el entorno. Sal a pasear un rato y toma el aire. O pon música y canta, canta fuerte.
  • Mira la vida como una serie de grises, no veas sólo el blanco o el negro.
  • Reconoce que a veces la vida es injusta, y a veces aquellas personas que nos hacen enfadar no tienen razón.
  • Dejemos ir las cosas que están fuera de nuestro control. Solamente te puedes cambiar a ti y tus respuestas con respecto a los demás. No puedes cambiar lo que otros te hagan a ti. Si te enfadas no solucionas la situación y te sientes peor.
  • Perdona. Tal vez sea lo más complicado, pero es lo más positivo.

LAS CONSECUENCIAS DEL ENFADO

El enfado es una de las trampas más comunes y dañinas a las que nos enfrentamos la mayoría de los días. Nos enfadamos cuando no obtenemos lo que o nos enfrentamos a algo que no nos gusta. Hay muchas situaciones en que nos enfadamos muy fácilmente. Y los resultados son evidentes: perdemos la paz interior, nos sentimos incómodos, sentimos malestar, somos incapaces de controlar nuestras emociones. No razonamos. Llegamos incluso a dañar a los que queremos, aunque sea verbalmente, perjudicando así nuestras relaciones.

¿Cómo se puede controlar el enfado?

  • En el momento en que veamos que nos vamos a enfadar debemos recordar las consecuencias.
  • Decidir firmemente no enfadarnos nos ayudará bastante, sobre todo si tenemos en cuenta las consecuencias. Primero lo podemos hacer unas horas, a medida que nos acostumbremos serán días.
  • No culpemos a los demás, debemos entender que nuestro malestar es nuestra falta de aceptación y contiguo enfado.
  • Aceptando a los demás como son, sin juzgarles tendremos mejores relaciones y así podremos controlar el enfado.
  • Si estamos a punto de enfadarnos con alguna persona, recordemos lo bueno que nos aporta.
  • Alegrémonos de lo bueno que les pasa a los demás, así superaremos la envidia y nos ayudará a paliar el enfado.
  • Hay que tener mucha paciencia.
  • Paciencia y resignación no son sinónimos. Con la paciencia mejoraremos nuestros deseos y nos comunicaremos mejor con los demás.
  • No es lo mismo controlarnos que reprimir el enfado.
  • Rechazando las complicaciones y enfadándonos, empeoraremos la situación.

Si algo tiene solución ¿por qué sentirnos desdichados? Y si no la tiene, tampoco hay razón para serlo”. Shantideva, maestro budista

Vanessa Arjona

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Ser feliz, lo que no nos han enseñado

En esta ocasión me he impuesto una meta: enseñarte a ser feliz, aunque la meta resulta intrigante, lo haré. No pienses que te estoy vendiendo nada, simplemente te daré unas pautas que me gustaría que siguieras, porque en realidad es algo que está muy cerca, y muchas veces no lo queremos ver.

¿Qué concepto tenemos de la felicidad? Cuando hablamos de felicidad, hablamos del sentimiento de integridad y equilibrio que llenan nuestra vida, un estado de paz que se mantiene. La felicidad no tiene nada que ver con el estado en que te encuentras, se encuentra presente independientemente de las circunstancias que tengas: si eres pobre o rico, si eres una persona triste o alegre…

La felicidad no palia el sufrimiento o la tristeza, éstos son estados variables de tu vida, si la entendemos como la hemos descrito, la felicidad tiende a estar presente en todo momento. Puedes estar triste y estar en paz contigo mismo, triste pero feliz.

Tampoco la felicidad es semejante a dinero, éxito, mujeres – u hombres -. Otra vez, todo esto son cosas subjetivas a tus circunstancias, pueden ser unas o pueden ser otras, en cualquier caso el tenerlas o no no tiene que ver con tu felicidad. Claro que puedes tener muchos bienes materiales, pero no tienen nada que ver una cosa con la otra. El hecho de tenerlo todo no quiere decir que seas más feliz.

La felicidad es paz mental y equilibrio en cualquier situación, ya que nada la proporciona, es algo que legítimamente te pertenece. Habrá quien lo llame libertad, habrá quien lo llame iluminación. El nombre que le den es lo de menos, sólo es una etiqueta.

¿Cuál es el origen de la infelicidad? La infelicidad la podemos explicar de varias formas. Tal vez una manera “justa” de definirla podría ser falta de felicidad, o sea, no sientes seguridad y crees que te falta algo, con lo que te sientes incompleto. Por algún motivo crees que tienes la necesidad de lograr algo que no tienes, sólo así te sentirás feliz.

Dedicas tu vida a buscar cosas. Piensas que habrá algún momento en tu vida que serás feliz. Tal vez sea cuando encuentres la pareja perfecta, cuando superes tu divorcio, cuando salgas de una crisis económica. En cualquier caso, llevas ya un tiempo en este camino y, seguro que te has dado cuenta de que cuando por fin logras alcanzar la cima de un montículo, aparece otro y así consecutivamente, pero nunca logras alcanzar la cima de la montaña.

Ese es el origen de la infelicidad. Admites que el argumento de la infelicidad es la salida y caminas buscando algo que te permita cambiar eso, pero por algún motivo se hace más largo el camino y siempre buscas algo más.

Vamos a darle la vuelta al mundo. ¿Y si ese argumento no es el correcto? Vamos a darle la vuelta. ¿ Es la infelicidad el punto de partida? Dime, qué te falta exactamente para ser feliz.

Ubica tu argumento de otra manera: no ta falta nada, tu estado natural es la felicidad. En este momento, ¿ qué te frena para ser feliz? ¡Ups! Puedo escuchar perfectamente como tu cabeza enumera todos y cada uno de los problemas que en este momento te atormentan. Los problemas no existen, ¿ qué hay que no te deja ser feliz? ¿ Por qué motivo no te sientes en paz contigo mismo?

Este artículo lo basaremos en que hay un punto de equilibrio, se llama felicidad, y se sitúa momento a momento. La felicidad vive aquí y ahora.

En realidad la felicidad está mucho más cerca de lo que imaginas. La verdad es que la felicidad es tu estado natural. Si no la ves es porque no es una cosa que se pueda ver, porque no es una cosa que está fuera, ya estás ahí. No se puede encontrar fuera lo que está dentro de ti de manera característica y natural.

En algún momento hubo algo que te convenció de que no eras feliz y tenías que salir de esa infelicidad; te convenciste de que te encontrabas atado y tenías que librarte, cuando la verdad es que esa atadura no existe y nunca existió. La felicidad es una cosa que fluye de ti en el momento en que descubrimos la ilusión de la infelicidad.

Si todavía dudas de lo que te digo contéstame una cosa: ¿qué te falta? ¿conoces a alguna persona que teniendo alguna cosa sea completamente feliz? No es casualidad que no conozcas a nadie con esas características.

La infelicidad: desvelando la ilusión. Repito, el secreto está en darse cuenta de que la infelicidad es una creencia sin motivo. Sin embargo, mientras lo creemos, la fantasía parece muy real, tanto que entiendo que te cueste trabajo creerme.

Aunque parece fácil, mucha gente destina mucho tiempo en batallar con este tema. No se puede aprender tan fácilmente ya que es un tema que existencial, no de razonamiento. Por eso te pueden invadir varias preguntas, como por ejemplo: “¡no puedo olvidar mis problemas! Son problemas reales. ¡Mi divorcio es un asunto triste!”

A mí, personalmente, me ha supuesto un gran esfuerzo darme cuenta de que no se debe hacer nada y que hay que vivir el momento. Hay dos signos típicos que posponen la felicidad, se basan en el tiempo. Uno es pensar en el futuro, pensar en algo que vendrá y que hay que alcanzar. Y otro es revivir el pasado, que igualmente impide sentirse bien y en paz con uno mismo creyendo que si fueras capaz de poder superarlo serás feliz realmente.

Algo que constantemente me repito a mí misma es esto: “lo que estás haciendo ahora debes disfrutarlo, ahora es cuando eres feliz. El pasado no sirve de nada ya, y en el futuro no se sabe que pasará. Así que sé feliz ahora, disfruta ahora el momento.”

Cuando tu felicidad se vuelva a basar en algún acontecimiento pasado o futuro, vuelves a creer que te falta algo, por lo tanto vuelves a creer que eres infeliz. Y otra vez te vuelven a separar las escusas de la felicidad. No te hace falta nada, no tienes que demostrar nada, ni tienes que hacer nada. No quiere decir que te quedes en casa, al contrario, puedes hacer lo que quieras porque ya eres libre.

Pero… ¿cómo se hace?

No necesitas buscar nada, porque no te falta nada. Lo único que debes hacer es comparar la infelicidad con una alucinación, igual que las nubes que tapan el sol. En el momento en que piensas, y sabes, que no eres infeliz las nubes se desplazan y desaparecen dando lugar a un sol brillante, todo esto sin que tú tengas que hacer nada.

Solamente debes buscar una cosa y es conocerte a ti mismo. Obsérvate, mira tus pensamientos y tus sentimientos. Así encontrarás la información que te hace falta. No precisas de ningún libro, artículo o página web para mostrarte el camino que has de seguir… sólo te necesitas a ti.

Ser feliz es una sensación de equilibrio, seguridad, ¿hay algo que te evite sentirlo? Tienes deudas por pagar, ¿acaso te impiden sentir de una u otra manera? ¿el problema es lo que causa la infelicidad, o es la infelicidad lo que origina el problema? ¿qué pasa si sustituyes la infelicidad por felicidad? ¿ y si cambias la privación por libertad?

Solamente tengo una intención: demostrarte lo que es tan evidente que es complicado de creer que no lo hayas visto ya. ¿Acaso piensas que aún habiendo caminado tanto tiempo no has conseguido encontrar la felicidad? No seas de los que han perdido la esperanza, olvidándose de disfrutas los pequeños momentos de placer que nos brinda la vida. ¿Te crees torpe por no haber encontrado el camino a la felicidad?

La única y más fácil explicación es que vives engañado, pensaste que estabas atado cuando en realidad tal atadura no existía, solamente había libertad.

Ejercicio práctico

Para ser feliz no se debe hacer nada, ya eres feliz. Sólo puedes recordar una cosa: la infelicidad no existe, es irreal. No hay nada que te impida ser feliz, excepto la hipótesis de que tienes que sentirte infeliz o que hay algo que tengas que lograr para poder conseguir la totalidad. Al igual que todas las hipótesis se puede cambiar por otra.

Altérala, acuérdate siempre de que eres feliz, en todo momento, estés donde estés. Practícalo constantemente, la felicidad será tu estado normal y cotidiano.

Te voy a sugerir un ejercicio. Como hemos dicho, la felicidad no es desecharse de sentimientos como la tristeza. Lo que quiere decir que la tristeza no es un sentimiento que tengamos que superar, será un estado pasajero que irá acompañado de sentimientos de paz y tranquilidad por encima de todo.

  1. Cuando te vengan momentos de aburrimiento, no intentes luchar con eso, si deja que broten los sentimientos, si te aburre no hay más, te aburre.
  2. Ni sumes ni quites a los sentimientos. Son lo que son, obsérvalos tal cual son.
  3. Recuerda siempre: “esto es lo que de verdad siento, pero también puedo estar en paz y tranquilo. Mi estado natural es la felicidad, osea soy feliz en el aburrimiento.”

Puedes hacerlo cuando te pasen cosas graves, pero mejor ve practicando en situaciones más cotidianas, como en la cola del supermercado, en el trabajo…

En la desgracia deja que exista cualquier sentimiento como la tristeza o cualquier otro, pero bajo ningún concepto cooperes con él, míralo desde lejos. Busca la tranquilidad que es esencial en tu felicidad.

Recuerda que la técnica no es recuperar la felicidad, porque ya la tienes, ya está contigo y es tuya. Sólo debes recordarlo, no adquirirlo. Esto no es magia, es la vida real.

No busques la felicidad en las cosas que haces. No tienes que obtener más mujeres, dinero o éxito para ser feliz. Puedes tenerlo y ser feliz. Lo básico es ver la diferencia que hay entre ser feliz y las cosas materiales que pasan por tu vida. Recuerda que siempre eres feliz, pero tienes que darte cuenta de eso.

Si lo que quieres es ganar dinero y tenerlo. Gánalo, pero no para ser feliz.

Si lo que quieres es tener éxito. Tenlo, pero no para ser feliz.

Creo que ya lo has entendido. ¡eres feliz, aparte de tener todo eso o no!

¿En realidad quieres ser feliz o no te interesa mucho?

Hubo alguien que dijo que mucha gente no quiere aceptar que son libres, porque quiere decir que son responsables de todo lo que hacen, con lo que no pueden culpar a nadie de sus errores.. posiblemente sea verdad.

Si las deudas son el origen de mi desgracia, huyo de la responsabilidad y la derivo a otra u otras personas o cosas. Es raro que aún pudiendo tener libertad algunas personas prefieran ser prisioneros. Sea como sea, es parte de las experiencias de la vida. Si quieres jugar a ser prisionero, hazlo, nadie te lo impide, es parte del juego.

Sólo debes hacerte una pregunta: ¿de verdad quieres ser feliz? ¿O prefieres vivir creyendo que el mundo entero te ahoga y es culpable de todo lo que te pase?

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamin Franklin

Vanessa Arjona

 

Apego y desapego emocional

Los seres humanos somos propensos a constituir lazos afectivos, ya sea con personas o cosas. Nos apegamos en exceso, y ese exceso nos origina una sensación de miedo a la pérdida y a la independencia que nos frenan exageradamente en nuestro camino hacia nuestras metas. Aprender a desencadenarnos de esos vínculos nos ayudará notablemente en nuestros proyectos y vida personal.

En este artículo te ayudamos a liberarte de esas dependencias que te están coartando tus metas.

APRENDE A SER RESPONASBLE de tu vida y sentimientos. El único responsable de los resultados obtenidos eres tú porque son para ti. No esperes que nadie haga nada por ti, porque los resultados no son para ellos.

Toma las riendas de tu vida y no esperes que nadie venga a ayudarte, la única persona que te puede motivar eres tú. Puedes pedir ayuda, pero lo más seguro es que no te la den, pero no por ello debes frenarte. Usa tus recursos y, si no tienes, lucha por conseguirlos.

SÉ ASERTIVO Y PON LÍMITES. Ignora el chantaje emocional. Tú eres el único responsable de tus actos y consecuencias, no dejes que nadie abuse de tu buena voluntad. Muchas veces decimos sí cuando lo que queremos decir es no. Aprende a decir no de buenas maneras cuando no puedas o no quieras hacer lo que te piden, sin sentirte culpable.

Así podrás ahorrarte después las decepciones, por ejemplo cuando esperas que la persona a la que ayudaste no lo hace. Es inútil sentirse mal, no sirve de nada. Podrás pensar lo que quieras de esa persona, pero con eso sólo conseguirás perder tiempo y energía. Tampoco dejes que nada te haga perder los nervios.

PARA SEGUIR TU CAMINO DEBES BASTARTE TÚ SOLO. El apego a las cosas te limita mucho más de lo que imaginas. Las cosas materiales están ahí y a veces cuesta desprenderse de ellas, pero no son necesarias para seguir con tu vida. Lo único que realmente necesitas es tu cuerpo y tu mente. Está bien tenerlas, pero siendo conscientes de que se pueden perder y por eso no debes tener miedo a la pérdida.

TOMA LAS DECISIONES TRANQUILAMENTE. No tomes decisiones cuando estés enfadado, espera que se te pase el enojo. Como hemos dicho algunas veces las decisiones en caliente no son certeras. El coraje es muy mal consejero.

Comprobarás por ti mismo que tomándolas en frío y tranquilamente lo harás mejor y todo te saldrá bien.

Teniendo en cuenta estos consejos podrás liberarte de las dependencias, ya que son un freno para logras tus metas, mientras lo sigas consintiendo.

“Si estamos apegados, probablemente no hagamos nada más que estar siempre irritados.”

Vanessa Arjona

Meditar en la quietud

Es muy difícil disparar una flecha y dar en la diana, si antes no nos hemos tomado el tiempo necesario si no nos relajamos antes. Igualmente precisamos inmovilidad para encontrar el propio centro con la idea de que podamos sacar lo mejor de nosotros. La inmovilidad ayuda a concentrarse, por eso desde ella podemos desempeñar mejor cualquier movimiento.

Siempre, en cualquier momento del día llega un momento de quedarse quieto, de parar, quieto, sentado, contemplando la respiración, y sintiendo lo importante de la vida… la misma vida. Es el momento de disfrutar y de dar las gracias, agradecer la oportunidad de tener esta experiencia, la de sentir la vida. Y desde esta perspectiva, de quietud, podemos ofrecer que se difunda a los demás.

Es muy importante liberarse de lo malo, una mala observación o una mala acción puede hacernos sufrir, por lo tanto debemos centrarnos en lo que es de verdad importante.

La inmovilidad se puede ejecutar de pie o sentados, con una postura erguida, con la espalda recta y los hombros caídos. Los ojos cerrados o bien abiertos con la mirada fija en algún punto, debemos tener una actitud sonriente y serena.

PARA UNA POSTURA SERENA:

  • Debemos tomar postura de trípode, para encontrar el centro de gravedad con el cuerpo, para ello dejamos la misma distancia entre las dos rodillas y entre ellas la columna y el cuello.
  • El cuerpo debe descansar sobre los isquiones. Sobre esta base debe el cuerpo mantenerse erguido pero relajado totalmente.
  • Los ojos deben estar cerrados, centrados en el momento y sintiendo las pulsaciones.
  • Todo el cuerpo estará relajado: caderas, rodillas, pies, dedos de los pies…
  • Ahora es el momento de respirar suave y profundamente.

Esta parada nos ayuda a concentrarnos y a sentir el movimiento de la respiración, el vaivén de reequilibrio y las inmensa cantidad de ideas que la mente es capaz de crear.

Esta es la base para meditar y también donde recuperaremos nuestro centro, nuestra habilidad para poder desarrollar mejor el destino de nuestra vida.

RECOMENDACIONES:

Busca cada día un momento para ti, para encontrar tu centro, tu sonrisa. Es simplemente, saber estar con gusto en el sitio.

Una postura considerable, agradable y serena pero firme, con la fluidez del agua y la fortaleza de la roca. Aunque pueda parecer contradictorio, no lo es porque unifica los contrarios y devuelve el equilibrio.

Del vacío del sabio surge la quietud; de la quietud, la acción; y de la acción, el logro”.

Vanessa Arjona

Optar por la felicidad

Miles de veces me hago la misma pregunta: ¿soy yo quién gobierna mis sentimientos o son ellos los que me gobiernan a mí? Estas preguntas brotan en momentos de sufrimiento, enfermedad o conflicto.

Dicen los filósofos que hasta incluso en los momentos más difíciles podemos elegir la felicidad. Esto no se puede asumir sólo porque ellos lo digan o lo escriba yo en esta artículo. Debe ser algo que se entrena diariamente, de no ser así se podría perder fácilmente igual que un músculo que no se ejercita.

La Constitución de EEUU dice que todos tenemos derecho a la felicidad… parece que ofrece un derecho imposible, pero su base parte de una gran realidad, a veces muy difícil de comprender.

Para conseguir metas y motivarse, es muy importante sentir que uno es libre de elegir. Saber superar miedos y apuros, concentrarse solamente en lo que se hace con coraje y valentía se transforma en una estupenda experiencia. La causa de los problemas no son los hechos sino la forma en que los tomamos. Cualquier situación se puede afrontar tomando una actitud positiva.

Según los filósofos vivir es aceptar dignamente el desafío que plantea la vida. Es inevitable que el entorno afecta, pero siempre queda na huella de libertad espiritual, incluso en las situaciones más terribles. Se nos puede quitar todo menos la última libertad humana: elegir la actitud personas ante las circunstancias.

Esta alternativa moldea el cerebro y lo empuja a reacciones reflejas ayudan en la adaptación al medio y a responder a situaciones adversas. Es muy conveniente entrenarse para elegir siempre ser feliz.

RECOMENDACIONES:

Muchas veces las situaciones pueden provocar miedo, pero tenemos dos opciones: o quedarnos con ese miedo, o por el contrario afrontarlo y preguntarnos por qué se tiene.

Que nuestras experiencias sean agradables depende de nosotros mismos y de cómo elijamos. Es absurdo molestarse cuando algo no funciona como quisiéramos, lo mejor es utilizar la cabeza a nuestro favor.

Los cuatro acuerdos: sé impecable en tus palabras, no te tomes nada personal, nunca hagas suposiciones, siempre da lo mejor de ti y seamos todos felices con estos cuatro acuerdos.

Vanessa Arjona

 

 

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