Escribir para sanar

Escribir no sólo sirve para transmitir emociones, sentimientos, ideas… Usar la escritura como medio de autorreflexión es muy útil porque, recientemente se ha comprobado que influye en la salud y en las relaciones con los demás. También las palabras nos acompañan en nuestro camino hacia el bienestar y el autoconocimiento.

Desde tiempos remotos la escritura se ha utilizado para marcar fechas, cuentas y acuerdos. Después se fue utilizando para expresar ideas y sentimientos, pero hace muy poco que se descubrió que además tiene poderes terapéuticos.

En 1983 la psicología comprobó que la persona que expresa por escrito sus sentimientos que hasta entonces tenía cohibidos mejora física y psíquicamente. Después también se observó que los que comparan sus traumas escribiendo desarrollaban una gran coherencia entre las hondas de actividad entre los dos hemisferios cerebrales, lo que favorecía la reducción de sus ritmos cardíacos, se reforzaba su sistema inmunitario y los anticuerpos respondían al virus Epstein-Barr y a la vacuna contra la hepatitis B. Igualmente otros estudios declaran que también mejoran la salud física y psíquica: mejoran las relaciones, las calificaciones y rendimiento académicos. Mejor rendimiento laboral y mejor adaptabilidad a las nuevas situaciones en general.

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Resumiendo, la escritura reflexiva – mediante la que expresamos las cosas que nos perjudican vinculándolos con los sentimientos, emociones y pensamientos negativos que derivan de ellos – hace que mejore bastante nuestra salud física y psíquica.

En la psicología la escritura reduce el estrés encontrando así un sentido y una lógica a lo que nos afecta y, el cual nos parecía complicado y difícil de resolver. Escribiendo conseguimos controlar el suceso y no al contrario. De esta manera le quitamos poder y conseguimos que no nos dañe tanto.

Fisiológicamente cuando escribimos se activa la relación entre los dos hemisferios cerebrales, haciendo que las funciones lingüística, verbal y lógica- que son las del hemisferio izquierdo- y creativa, no verbal y de percepción global – las del hemisferio derecho- se integren. A la vez que se reduce el sistema límbico y la amígdala – encargados de las emociones en nuestro cerebro – frente a los pensamientos negativos. Todo esto se interpreta como una gran mejora del sistema inmunitario y cardiovascular, que son los centros neurálgicos de enfermedades como la hipertensión, la artritis, desórdenes digestivos… incluso el cáncer. Estos beneficios los puede comprobar cualquiera por uno mismo, solamente se necesita tener buena disposición.

Para comenzar a curarnos escribiendo necesitamos reconocer los momentos que nos son traumáticos o que nos estresan. Desde hace un tiempo sabemos que muchas enfermedades físicas vienen de traumas o problemas no superados. Nuestro estado anímico ejerce un gran papel en nuestro estado físico. Para comenzar lo primero es volcar en el papel todas las emociones que el trauma nos produjo, imaginando así que el lápiz sería la herramienta que sacará de nuestra vida todas las inhibiciones, toda la rabia, dolor, miedos… que dejaremos grabados en el papel y alejaremos de nosotros. Escribiremos relacionando el hecho con los sentimientos, admitiendo escribir con pasión, lo mismo que podemos reír podremos llorar.

Si escribir en ese momento nos resulta doloroso, lo podemos aplazar para el día siguiente despreocupándonos por ese día del problema. Pero en cuanto nos sintamos con fuerza lo haremos. En el momento en que hemos descargado el trauma en el papel podremos pasar a la siguiente fase que sería leer lo que hemos escrito e intentar ordenar las ideas, intentar reescribirlo honestamente, sin engaños y explicando cada detalle.

En la reescritura eludiremos los pensamientos negativos, cosa que ya habremos hecho en la primera parte del proceso, descartando lo negativo. De lo que se trata es de sanar, no de incidir en pensamientos negativos o autodestructivos. Meditar mediante la escritura sobre otros posibles conceptos de nuestra existencia nos hará ser un poca más conscientes de nuestros actos y valorarlos desde otro punto de vista. A veces nos sentimos con ganas de escapar del problema, de no pensar en él, sentimos que es mejor no seguir hurgando la herida. Pero psicológicamente esto nos perjudicará antes o después. No se trata de pasarse el día entero escribiendo, con sólo quince o veinte minutos al día sería suficiente. Busquemos un sitio en que nos sintamos a gusto y ejecutemos algún ejercicio de relajación antes de empezar a escribir.

La escritura como medicina nos ayuda en nuestra salud física y mental, nos hace conocernos mejor. Nos ofrece serenidad, nos sentimos más inteligentes para distinguir lo positivo de lo negativo. Escribir nos puede curar, eso sólo queda en nosotros.

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

Oscar Wilde

Vanessa Arjona

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