Carpe Diem – Aprovecha el día –

Hoy es uno de esos días que me he levantado de buen humor. De camino al gimnasio me ha entrado esa… chispa que me suele entrar por las mañanas y hace que mi día cambie y sea completamente distinto al día anterior.

A mi vuelta, mi pareja me esperaba con un desayuno de lujo: tostadas, zumo, café, té… Y para continuar, no ha parado de darme buenas noticias a cerca de su trabajo, ¿Qué más se puede pedir?

Me he dado una buena ducha y hoy tenía ganas de ponerme guapa (cosa que, por ejemplo, ayer no tenía… :)). Sin duda, hoy es un día de esos que tienes ganas, ganas de Vivir, ganas de hacer, ganas de Ser.

Entre otras muchas cosas como posts y vídeos que me han ayudado a Tener aún más Ganas, he “tropezado” con este  y lo comparto contigo, para que tú también te contagies.

Un abrazo y nos vemos pronto, que tenemos que hablar de la Navidad, Diciembre, los regalos…. y todas esas cosas que suelen pasar en ésta época.

Vanessa Arjona

Vídeo

Audiocuento. “La princesa busca marido”

¿Cómo saber si seguir o no con tu relación de pareja? En esta ocasión no seré yo quien te lo diga, en esta ocasión no seré yo quien te aconseje… En esta ocasión es el gran Jorge Bucay quien nos deleita con uno de sus maravillosos cuentos…

La princesa busca marido” es un cuento que una amiga me envió justo en el momento que más lo necesitaba, yo aún no conocía a Jorge y llegó a mi vida justo en el momento en que estaba tomando la decisión más dura que he tomado hasta ahora: separarme. Espero, de corazón, que así como a mí me ayudó, también te ayude a ti. Ese es el motivo por el que hoy he decidido compartirlo contigo.

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Vanessa Arjona

Crisis de pareja, ¿cómo superarla?

En toda pareja existen las discrepancias, pero hasta cierto punto. Algo muy complicado de superar son las crisis. Sería estupendo poder madurar y crecer juntos, encontrando la mejor manera y la forma más constructiva de hacer las cosas.

Los principales motivos, y más comunes, de peleas de pareja suelen ser los celos, la infidelidad y la irresponsabilidad de los quehaceres. Un novio (o un marido) que no colabora en las tareas del hogar y la crianza de los hijos supone mucha carga para la mujer. Con lo que cualquier mínima cosa, por simple que sea, puede desembocar en pelea. No se puede vivir con tanto estrés y se suele explotar con quien está más cerca, que suele ser la pareja.

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“El amor es un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo lo demás”

La solución no es callar. Es la manera más negativa y solamente acarrea consecuencias. Pero lo peor es el daño a los hijos: ellos mismos se crearán un rol negativo de las relaciones de pareja que, evidentemente, les afectará en su futuro.

En una buena relación, son los dos quienes ceden y se apoyan mutuamente. Hay que reconocer que cada uno es responsable de su vida y que cada uno debe hacer lo que le corresponde, que las obligaciones si son compartidas, son más llevaderas. Que los hijos son de los dos. Que para que una familia funcione, deben esforzarse los dos. Que si hay respeto y comprensión , los problemas se superan antes de que la solución se pueda escapar de las manos. Que habiendo apoya, voluntad y disposición de parte de los dos, los problemas igual que vienen se va.

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“Muchos matrimonios serían felices si tanto el marido como la mujer entendieran que están en el mismo bando”.

Siempre que predomine el amor y los dos tengan los mismos pensamientos y deseos en la vida, es muy bueno pedir ayuda (profesional o familiar) si es necesario para poder poner soluciones. Es muy importante saber que buscar ayuda no es malo, ni mucho menos debe avergonzarnos. Es justo todo lo contrario, hacerlo nos muestra que valoramos mucho nuestra relación. Esta ayuda externa nos puede ayudar a llegar a convenios que beneficien esta parte tan importante nuestra, como lo es la familia.

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“Pedir ayuda no tiene nada de vergonzoso, hacerlo es de valientes porque indica que valoramos nuestra relación”

Abandonar el sentimiento de culpa

Ya has tomado la decisión. Después de darle quién sabe cuántas vueltas, por fin lo has decidido: TE SEPARAS. A partir de ahora ya no sufrirás más, tu vida cambiará!

Pero hay algo que te irrita, algo que no te deja tranquila… El sentimiento de culpa. Te sientes muy mal. Te sientes culpable. Culpable por hacerle daño, culpable por tirar por la borda todas vuestras ilusiones y proyectos.

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Y entras en el proceso del duelo. Es la misma sensación que cuando muere un ser querido. Sientes un gran vacío y una pérdida. Sientes que le pierdes, porque en realidad así es, le pierdes.

Pero, “¿Por qué siento ésta culpa?”, piensas. Pues fundamentalmente es porque crees haber violado alguna norma de tu moral. Porque lo que en verdad piensas es que si dejas a alguien, no respondes sus llamadas o no le das una oportunidad, está mal. Entonces es cuando aparece la culpa y te recuerda que debes ir conforme a esas reglas. La culpa es un sentimiento natural de los humanos.

Muchas mujeres maltratadas no son capaces de dejar a sus maridos, entre otras cosas, porque su código interno les dice que separarse está mal. Así es como funciona el sentido de la responsabilidad.

El problema está en que si defiendes ese código incondicionalmente, y no tienes en cuenta que debes ajustarlo a la realidad, te será muy complicado superar el duelo. Admitir esa norma y reflexionarla te ayudará a descubrir lo que en realidad hay detrás para que puedas abandonar el sentimiento de culpa. No es tarea fácil cambiar nuestras creencias y habituarse a las nuevas. Necesitarás ayuda para ello, pero créeme que valdrá la pena.

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Debes afrontar esa culpa de manera que no te ahogues en sentimientos negativos. Es normal equivocarse, es señal de que eres tú quien elige, con lo cual también debes afrontar las responsabilidades.

La culpa requiere un gran esfuerzo para poder escapar de la gran carga que que supone. Y para superarse no basta con “hacerse la loca” y hacer como si no pasara nada. Responde sinceramente, ¿crees que todo se resuelve con sentirte culpable?

No olvides que una relación es cosa de dos, por lo que tanto el enriquecimiento como la degeneración depende de ambos. Si solamente miras los errores de uno de los dos, no estás siendo realista, eso no te ayuda. De ahí nace la culpa.

Puedes experimentar “ataques” de culpabilidad o, por qué no, de responsabilidad por la situación.

Puedes pasar noches enteras pensando y dándole vueltas a qué es lo que has hecho mal y por qué ha salido así. Repito, echarte la culpa no te va a ayudar a arreglarlo. No sirve de nada, incluso aunque tú fueras la culpable.

La culpa te paraliza y no te deja avanzar en el proceso del duelo.

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Céntrate en tus nuevos propósitos y olvídate de remordimientos. Es la única manera de poder estar bien contigo misma.

No olvides nunca que cuando una pareja se rompe es porque ambos se han equivocado.

Si sigues metida en el papel de víctima seguirás pensando que es él quien te deja y llorarás eternamente porque no cambia.

Tampoco sirve de nada culpar a los demás. Acepta tu nueva etapa e intenta vivir lo más feliz que puedas.

Espero haberte ayudado y recuerda:

La vida no te quita personas, te aleja las que no necesitas”.

Vanessa Arjona

¿Qué pasó con la ilusión?

¡Qué bonito cuando empiezas una relación de pareja! Miles de ilusiones te rondan en la cabeza. Todo es bonito. Vives flotando. Te arreglas sólo para él. Siempre estás con la ilusión de verle. No ves el momento en que podáis estar juntos, cada vez queréis veros más. Todo son palabras bonitas, caricias, besos… Ilusiones. Vives con la ilusión de vivir juntos, de veros cada día, a cada minuto, de poder compartir todo en la vida con él.

…Llega el día tan deseado, ¡por fin os vais a vivir juntos! ¡Qué ilusión! Durante un tiempo (por poner ejemplos, pondremos dos semanas – que puede variar según la pareja – algunas algo más, otras algo menos, depende de la pareja), todo es más o menos como lo habíais imaginado: besos, caricias, sexo, dulzura, ilusiones

Pero llega un día en que tenéis vuestra primera pelea desde que vivís juntos. Y notas que algo es distinto, que algo ha cambiado. Te preguntas cómo un ser tan cariñoso, dulce y romántico puede, en cuestión de segundos, cambiar tanto. ¿Cómo puede transformarse en “esa criatura” tan distinta a tu amado? ¿Dónde está, dónde se ha metido? Te sientes mal, pero lo que te duele no son sólo las palabras, lo que más te duele es de quién vienen. No te puedes creer que, de esa boca que tanto te gusta y que, hasta ahora sólo habían salido cosas bonitas, hayan salido tantas barbaridades. Porque cuando no vivíais juntos alguna vez pasó algo parecido (o peor), pero él se iba a su casa y tú a la tuya, al rato te llamaba y…. ¡PUF! Ya desapareció todo. Pensabas que eso cambiaría cuando vivierais juntos, porque “esas discusiones de antes eran solamente porque os deseabais tanto que la sola idea de veros lejos os atormentaba”…. :/

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Creías que eso cambiaría al iros juntos a vivir. Lo pasas mal y te preguntas qué pasó, por qué no ha cambiado tras vivir juntos. Pero llega la reconciliación y, al igual que antes pensabas que era el fin del mundo, que todas tus ilusiones se habían desvanecido, ahora piensas justo lo contrario: te invade la alegría, el sol vuelve a salir y todo vuelve a ser bonito. No le das importancia a lo ocurrido anteriormente y piensas, incluso le justificas: “Todo el mundo tiene un mal día”. Te culpas tú misma porque “tú le has provocado, le has hecho perder el control… ¡Te has pasado! ¡Con lo bueno que es!

Pasan días y todo va “a la perfección”, pero vuelve a ocurrir. Otra pelea, esta vez más fuerte que la anterior. Le pides, por favor, que pare porque te está haciendo daño. Pero no. La cosa sigue. Le buscas, quieres que termine ya y lo único que consigues es que se enfurezca más aún. Te gustaría saber qué ha sido lo que ha provocado la discusión para que se encolerice de tal manera. No encuentras la respuesta, lo que escuchas es que TÚ has dicho o hecho esto o lo otro. Entonces piensas que no merece la pena seguir. Piensas que tus ilusiones, ciertamente se han marchado. Te quieres armar de valor e irte de casa, piensas que es pronto para semejantes cosas y aún estás a tiempo… Algo te lo impide. Sabes que ya no le tendrás, que le echarás de menos. Piensas que sin él no podrás vivir y que todo cambiará.

Decides quedarte y darle otra oportunidad. Por fin os reconciliáis y se olvida todo. Otra vez sale el sol y cantan los pajaritos “¡Pero si es muy bueno, lo que pasa es que todo no le va a sentar bien! Es humano y tiene derecho a equivocarse. Es que para aguantarme a mí…

Vuelven a pasar los días y, ¿a que no sabes? Sí, eso que estás pensando: ¡Otra pelea! ¿Y ahora, cuál es el motivo? Según tú, “la convivencia, que es muy dura… ¡Si él es muy bueno!” Otra vez la misma operación: te culpas tú.

Cada vez las peleas son más frecuentes, el motivo da igual, la cuestión es pelear.

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Te paras a pensar y caes en la cuenta de que cada pelea termina porque TÚ pides perdón, eres la única que cede en la relación. Él nunca lo hace, al contrario, si puede seguir culpándote, no duda en hacerlo. Te preguntas cuántas oportunidades le has dado ya… son muchas. Te preguntas hasta cuándo la cosa seguirá así. Te preguntas si es es normal o es maltrato. Descartas esa idea rápidamente porque es imposible que tu amado sea un maltratador. “Él no es así”. A pesar de que has pasado por muchas humillaciones y ofensas de su parte, no quieres creer que él sea “eso”.

¿Cuántas veces has soñado con que se lance a tus brazos, que te calle a besos, y te “forre” de abrazos en medio de una pelea, cuando más enfadada estás? Desafortunadamente, nunca lo hace… Te sientes hundida, y sientes frustración. Sabes que no eres precisamente la mujer de sus sueños, sientes y crees que no eres la mujer que él quiere a su lado. No eres “su musa”.  Te culpas de todo y por todo. Como consecuencia, empiezas a dejarte, a descuidarte y… engordas incluso. Ya no sientes que le gustas, ¿qué sentido tiene que te pongas guapa? ¿Para quién?

Amiga, ese no es el camino. ¿Qué es lo que te une ya a esa relación? Esperas que todo cambie, pero sabes que no. Sabes que cambiará unos días, pero volverá, volverá a ocurrir.

No tiene sentido que sigas sufriendo. La ilusión desapareció por parte de los dos. Ya no queda nada, no tiene sentido seguir alimentando algo que está muerto. Sal de esa relación. Es difícil, lo sé, pero es lo mejor por el bien de los dos. Tal vez él también esté sufriendo. ¿Piensas ser toda tu vida una amargada? ¿Es justo que ambos sigáis con una relación que en la que ya no hay nada?

Quédate con todo lo bueno y con todo lo que aprendiste y piensa que algo mejor está por venir

No le des más vueltas… Todo en la vida sucede por algo. No te aferres a aquello que no podrás volver a tener. Deja que llegue a ti lo que mereces.

No es necesario GOLPEAR para HACER DAÑO:
Una PALABRA duele,
Un SILENCIO duele,
Una TRAICIÓN duele,
Un DESPRECIO duele,
La INDIFERENCIA duele…

Vanessa Arjona

El poder de la gratitud

Os propongo algo. Empecemos desde hoy mismo, desde este momento.

Haced una lista en la que digáis todo lo que podéis agradecer en la vida. Repetidlo mañana, pasado, al otro… No importa si repetís las mismas cosas. Vais a poder comprobar por vosotros mismos las maravillas que creáis en vuestras vidas al encontraros en el maravilloso estado de GRATITUD.    ….. seguir leyendo

 

gratitud

Abuso verbal

El abuso verbal es una cuestión que nos afecta a todos. Es algo tan frecuente que se considera “normal”, aunque la realidad es que no lo es en absoluto. Este arquetipo de violencia se halla en cualquier relación en que uno se siente superior al otro (ya sea padres-hijos, relaciones de pareja o compañeros de trabajo), pero como vivimos en un sistema de valores machista, las situaciones más claras se dan en las relaciones de pareja, en las que el hombre ataca verbalmente a la mujer.

Pistas para detectar el abuso verbal

Tiene muchas formas. Puede ir desde la simple burla hasta los gritos pasando por comentarios descalificativos. Sucede cuando las palabras solamente sirven para destruir al otro, para sentirse superior, para eludir la responsabilidad de algo o para cubrir una mentira.

Desgraciadamente, el hecho de que lo aceptemos viene de un prejuicio cultural: nos han hecho creer que “tenemos que aguantar sólo para que los hijos no sufran”, pero el valor de los abusos es extremadamente alto. Aunque físicamente no quedan huellas, el abuso verbal causa heridas emocionales muy profundas. Las personas que lo padecen tienen la autoestima deteriorada, y los niños que lo perciben crean una mala visión de las relaciones de pareja.

Las mujeres tenemos una capacidad de adaptación tan alta que hacemos como que no pasa nada y aguantamos tales agresiones hasta el punto en que esta violencia pone en peligro nuestra salud mental o física. Llegados a este punto ya no hay nada que se pueda hacer, somos nosotras, las mujeres quienes siempre perdemos; no importa lo amables u obedientes que seamos, siempre terminamos creyendo que en verdad “merecemos” este castigo.

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A continuación te ofrezco algunos signos que revelan este tipo de violencia. Ya que hay varios, te los daré por puntos:

1.- El sarcasmo. El objetivo del sarcasmo es perjudicar al otro, menospreciar sus logros, sus pensamientos y todo lo que sea característico. Esto es confuso porque llegas a preguntarte cómo una persona tan graciosa puede hacer tanto daño. Si tu pareja hace bromas acerca de ti y esto no te hace gracia, existe abuso verbal. No lo consientas.

2.- “Estás loca”. Cuando le dices a tu pareja que te ha hecho daño, él afirma que exageras, que eres muy sensible o que estás loca. Si le dices que ha hecho algo inadecuado te responde: “yo estoy mal, pero tú estás peor”. Si le dices que no está siendo cariñoso, te acusa de hacerlo quedar como “el malo”. Si no hay forma de que admita su responsabilidad y hace un argumento que te acaba convenciendo de que si hay algo mal es por culpa tuya, hay abuso verbal.

3.- Tienes que tratarlo con pinzas.  La casa, era ese lugar en el que tú y tus hijos os sentíais refugiados, ahora es donde peor te sientes. Tanto los niños como tú intentais pasar fuera el mayor tiempo posible con el fin de evitar o evadir los ataques. Si no puedes estar tranquila ni un momento porque sabes que cualquier error puede ocasionar la cólera de tu pareja, hay abuso verbal.

4.- Del dicho al hecho. El abuso verbal repetido suele acabar en agresiones físicas. Si empieza con palabras pero empieza a golpear objetos o a amenazar con agredir a tí o a las personas que quieres, hay abuso verbal.

5.- Las palabras no sólo son sonidos. Se ha comprobado que el abuso verbal causa dolor físico. Pese a que no lo aceptes sea por el motivo que sea, aunque hagas como que no pasa nada, el cuerpo al final termina mostrándote pruebas, ya sean alergias, enfermedades crónicas… Si notas que en tu relación te sientes menospreciado e inexplicablemente tienes dolencias…. hay maltrato verbal.

El verdadero amor no admite ningún tipo de agresión, nadie tiene por qué aguantar que le desprecien ni le infravaloren. La única forma para evitar este tipo de violencia es poniendo límites y distancia. Pide ayuda, no sientas vergüenza bajo ningún concepto. Nada de lo que el otro diga o haga tiene que ver contigo, solamente con sus inseguridades y con su necesidad de sentirse superior. No vale la pena seguir con una relación violenta. Piensa que no puedes evitar aquello que no controlas, pero sí que puedes parar el impacto que te causa.

Cuando te resistes en prestar atención a lo que la vida te está diciendo, la vida misma hallará la manera de exponer su punto de una u otra forma

Vanessa Arjona

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